Jueves, 22 de Octubre 2026
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“Clayface”: Terror en el cuerpo

Por: Arturo Garibay

“Clayface”: Terror en el cuerpo

“Clayface”: Terror en el cuerpo

En años recientes, el body horror ha ganado prominencia. El terror corporal es un subgénero que produce desasosiego e incomodidad al atacar y deformar el cuerpo humano. En las mejores cintas del nicho, los realizadores más avezados consiguen superar los artificios, trampas y efectismos tentadores de “la forma” para usar los traumas físicos y las deformaciones como recursos para impulsar “el fondo”, la trama, para nutrir sus argumentos y compartir sus discursos de carácter social, cultural, económico, estético o político.

“Clayface”, del director James Watkins, con historia y guion de Mike Flanagan, es una interesante propuesta que emerge de la tradición de los cómics y el cine de superhéroes, pero que está articulada con los dispositivos dramáticos, técnicos y creativos del citado body horror.

En este relato, un actor emergente llamado Matt Hagen (interpretado por un solvente Tom Rhys Harries) acaba de lograr una nominación a un premio importante. Su alegría durará poco, pues cometerá el error de enredarse por una noche con la amante de un mafioso, quien se vengará de él deformándole el rostro. El actor perderá así su más preciado tesoro y herramienta de trabajo. Posteriormente, Hagen se cruzará en el camino de una científica que posee un tratamiento experimental que podría devolver su rostro a su estado normal, pero no sin consecuencias.

En los cómics y la animación, Clayface es uno de los villanos más icónicos de Batman. En la película (ambientada en Ciudad Gótica, sí), nos olvidamos del Hombre Murciélago para adentrarnos en un desconcertante y agreste drama lleno de terrores e imágenes aberrantes. El argumento explora temas como la relación entre el rostro y la identidad, la impotencia, la fama, la venganza y la corrupción.

Clayface tiene el poder de imitar la forma y los gestos de cualquier persona, así que en la película veremos a varios actores asumir este papel, no solo a Harries. Eso resulta muy interesante porque hay una comunión interpretativa (tonal, gestual, física) muy bien lograda. Entre la incorporación del género, el acabado visual y la congruencia histriónica, “Clayface” se convierte en una muy grata sorpresa, un interesante cruce entre los superhéroes, el terror y el cine de monstruos que cumple su cometido: es una peli comercial entretenida, atrapante, pero también una pieza que entrega un extra en el terreno de la artesanía fílmica hollywoodense. Es la clase de largometraje que, con el tiempo, bien podría alcanzar estatus de culto si es que el público y los amantes del cine de género optan por arroparla.

Cabe añadir que “Clayface” no es apta para gente “ñañarienta”: sus imágenes son grotescas (claro, es un filme de terror corporal), pero se ven potenciadas porque la atmósfera está muy bien lograda. Watkins tomó la arcilla y la moldeó para darle una identidad apta para la gran pantalla, para el cine de estudio de grandes dimensiones. Las trampas y las chapuzas le funcionan, tal y como le funcionarían a un “metamorfo” atormentado. Si le traes ganas, éntrale. Hay altas probabilidades de que te deje satisfecho.

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