La fiscal general de la República, Ernestina Godoy, se presentó con lágrimas en los ojos ante su jefa, la Presidenta Claudia Sheinbaum.Llevaba bajo el brazo una vergüenza, una confesión: habían descubierto a su protegido, Ulises Lara, en un acto de corrupción por el equivalente a un millón de dólares.Para la fiscal Ernestina Godoy era un golpe político y un golpe personal. Ella había invertido mucho de su capital político en Ulises Lara para dotarlo de los mejores cargos y oportunidades, a pesar de su paupérrimo historial. Era su discípulo favorito.Cuando a ella la ascendieron a titular de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, nombró a Ulises Lara su vocero, un cargo con enorme visibilidad. Cuando ella renunció a su cargo de fiscal local para irse de candidata de Morena al Senado, se enlodó por él para dejarlo como su sustituto: para cubrir los trámites, a Ulises Lara le dieron el título de licenciado en Derecho en 24 horas, en una universidad “patito”, en lo que constituyó un descaro que lo marcó para siempre. Cuando la Presidenta Sheinbaum destituyó al fiscal Alejandro Gertz Manero para poner en su lugar una ficha 100% suya, eligió a Ernestina Godoy para encabezar la Fiscalía General de la República. Ella, de inmediato, le dio a Ulises Lara un cargo de primera importancia. Lo nombró al frente de la Fiscalía Especial en Investigación de Asuntos Relevantes, con funciones también de vocero.Duró medio año en el puesto. El 16 de julio pasado, sin que mediara mayor explicación, se informó de manera muy sucinta que Ulises Lara renunciaba a la FGR por “motivos estrictamente personales”. Así lo explicaron tanto Lara en sus redes sociales como la FGR en su comunicación con periodistas. No trascendió mayor cosa. Pero la renuncia era muy rara, tratándose del protegido de la fiscal Ernestina Godoy y, además, de un hombre que perteneció a la realeza de la izquierda mexicana: estuvo casado con Lenia Batres, hoy ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación e integrante de una de las familias privilegiadas del obradorato.Así que, cuando llegó entre lágrimas la fiscal Ernestina Godoy con su jefa, la Presidenta Sheinbaum, y le explicó lo del millón de dólares de Ulises Lara, fue un duro golpe, doble golpe, político y personal. Las dos, Presidenta y fiscal, tomaron la decisión difícil. Lo despidieron... pero le tendieron un puente de plata: la posibilidad de tapar el escándalo bajo una renuncia con el vago “motivos estrictamente personales” y que no existiera una investigación que lo persiguiera por este asunto. Es más de lo que normalmente hace el régimen con sus corruptos, que, además de no investigarlos, los deja en el cargo.Ulises Lara se diluyó en silencio, tratando de no hacer olas, intentando no atraer la atención. Casi nadie supo por qué se dio su salida, excepto algunas fuentes de primer nivel en Palacio Nacional que atestiguaron estos hechos y compartieron conmigo la información.carlosloret@yahoo.com.mx