De todas las posibles formas de comunicación formal que un Papa tiene en sus manos para dirigirse a los católicos y al mundo, la carta encíclica es una de las menos comunes, pero al mismo tiempo de las más importantes. Los papas no publican encíclicas cada domingo, y León XIV ha decidido dedicar su primera a la reflexión sobre qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial (IA). Fechada el 15 de mayo del presente, día del 135o aniversario de la publicación de la Rerum novarum, de su predecesor León XIII, Magnifica humanitas interpela a la generación actual, a nuestra generación, con la pregunta: ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo mediante las nuevas tecnologías a nuestro alcance? ¿Una que humaniza o una que deshumaniza? En el imaginario bíblico propuesto por el líder católico en su introducción, la primera opción estaría representada por la imagen de la reconstrucción de Jerusalén después del exilio babilónico. Un esfuerzo no solo material sino profundamente relacional. La reconstrucción iba más allá de muros y edificios, había que reconstituir el tejido social. La segunda, por la mítica Torre de Babel, epítome bíblico del esfuerzo humano que al dejar de lado a Dios termina por dejar de lado también al ser humano.Esta encíclica es la más reciente expresión de lo que se denomina “Doctrina Social de la Iglesia”, que en las palabras de León XIV es un “discernimiento comunitario” mediante el cual la Iglesia “se sitúa a la par del mundo sin imponerse sobre él”; un discernimiento que “nace del encuentro entre la verdad eterna Evangelio y las preguntas de la historia”: es la manera en la que la Iglesia busca llevar las implicaciones teológicas de la encarnación del Hijo de Dios a iluminar la realidad concreta de los pueblos en el aquí y ahora. En este caso, lo que se pretende poner en el foco de la reflexión es la dignidad que toda persona humana posee por el solo hecho de existir y ser imagen de Dios, y las potenciales amenazas a dicha dignidad en el contexto de la revolución digital. León XIV afirma que, en el caso de la tecnología, “más poderoso no significa necesariamente mejor”, que las palabras del célebre teólogo Romano Guardini parecerían seguir vigentes: “El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto”. La revolución digital en curso, y sus profundas implicaciones antropológicas, han motivado al obispo de Roma a levantar la voz, no para exigir la desaparición de la IA, sino su “desarme”, que para él implicaría dotarla de “un nuevo marco espiritual, ético y político” para que su uso humanice y sirva, en lugar de destruir y deshumanizar.La IA no es una herramienta neutra, es entrenada con presupuestos antropológicos y éticos subyacentes a sus algoritmos; quien los controla pareciera tener el poder para definir “cuál es la verdad sobre el ser humano, sobre el mundo, sobre el sentido de la existencia, sobre la familia, e incluso sobre Dios”. ¿En manos de quién estamos dejando cuestiones tan trascendentales? ¿Estamos seguros que tienen la dignidad de cada ser humano en mente, y el bien común como objetivo? ¿Babel o Jerusalén, qué estamos construyendo?