Jueves, 23 de Julio 2026

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Adolescentes reclutados, reclutadores

Por: Jaime Barrera

Adolescentes reclutados, reclutadores

Adolescentes reclutados, reclutadores

Hace apenas 10 días celebraba aquí el desenlace positivo de los casos de Flor Yoselin, Elvira Montserrat, José Israel, Justhin Enrique, Jordan Isaac y Christopher Alfredo, adolescentes de entre 14 y 17 años que pudieron regresar a casa luego de ser víctimas de reclutamiento delincuencial forzado en Puerto Vallarta y en Guadalajara la última semana de junio.

Ahora nos tiene desconcertados que, en tres días de la semana pasada, entre el 15 y el 17 de julio, se registró la desaparición de otros cinco adolescentes de la misma edad: Jeremi Alejandro Villegas, de 14 años, se le vio el 15 de julio en la colonia Hacienda Real, de Tonalá, y ya no se supo más de él; ese mismo día desapareció Dominic Gabriel Méndez, de 15 años, de la colonia Zapote del Valle, en Tlajomulco; al día siguiente ya no se localizó a Giovanni Natanael Flores, de 17 años, quien vivía en el fraccionamiento Las Lilas 2, en El Salto; y el 17 de julio desaparecieron en Zapopan, Carlos Humberto Corona, de 14 años, de la colonia Santa Ana Tepatitlán; y Facundo Sánchez, de 17 años, a quien se vio por última vez en San Miguel Tateposco.

Se trata, pues, a diferencia de las niñas, niños y adolescentes ocurridas en junio, que fueron dos desapariciones grupales, en las que se los llevaron de tres en tres el día de su graduación de secundaria, de cinco casos que se dieron de forma individual.

Sin embargo, el denominador común es que se trata de menores de edad que, insisto, nos colocan ante un punto de inflexión en los casos de reclutamiento delincuencial forzado que agrava nuestra crisis humanitaria de las desapariciones en Jalisco y en el País.

Este drama, que podríamos llamar del reclutamiento delincuencial 2.0, se empieza a visibilizar como nunca, con manifestaciones como la de ayer en la que se juntaron familiares de estos cinco niños y adolescentes para marchar y exigir su localización a las autoridades.

Lo preocupante, es que siguen apareciendo rasgos que hablan de la sofisticación de esta práctica delincuencial que tiene en la mira a las y los menores de edad. Primero fue que los raptores los hacían comunicarse con sus familias para exigirles que retiraran las fichas de búsqueda emitidas por las autoridades y que a los jóvenes se les ve por última vez subiendo a vehículos aparentemente por voluntad propia.

Ahora las autoridades alertan sobre la posibilidad de que menores de edad reclutados estén siendo obligados a atraer a sus filas a otros niños y niñas. Señalan que echando mano de sus lazos de amistad o parentesco se ganen su confianza y les prometan que el trabajo será temporal y podrán regresar en unos meses a casa, lo que representa otro claro engaño que puede ser mortal.

Lo dicho, es urgente desarrollar inteligencia policial para enfrentar este fenómeno creciente del reclutamiento y la utilización de niñas, niños y adolescentes por parte del crimen organizado que ya puso la mira también en las dinámicas familiares para engrosar con nuestras infancias sus milicias delictivas.

jbarrera4r@gmail.com

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