Sábado, 11 de Abril 2026

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ABS: Se acabó el “alégale al ampáyer... o ya no tanto

Por: Salvador Cosío Gaona

ABS: Se acabó el “alégale al ampáyer... o ya no tanto

ABS: Se acabó el “alégale al ampáyer... o ya no tanto

Durante décadas, el beisbol vivió bajo una regla no escrita: alégale al ampáyer… si quieres, pero no va a cambiar nada. Él decidía. Y su decisión era final. Se asumía el error como parte del juego; se discutía… y se toleraba, como si formara parte del folclor que le da identidad a este deporte.

Había algo casi ritual en la discusión. El mánager salía, reclamaba, hacía su show, se llevaba la expulsión si cruzaba la línea, y todo seguía su curso. El público protestaba, los jugadores se inconformaban. Hoy, eso empieza a romperse.

La introducción del sistema automatizado de bolas y strikes (ABS) no solo incorpora tecnología: limita el margen del error humano y acota el criterio discrecional. Y eso cambia el eje del juego. Porque el problema nunca fue que los umpires se equivocaran; el problema es que podían equivocarse sin consecuencia.

Durante años, la zona de strike fue interpretada, ajustada según el ojo, el ángulo o el momento. Se volvió variable en un deporte que presume precisión, estadística y consistencia. Cada ampáyer tenía su zona, su estilo, su manera de ver el juego, y eso, lejos de ser una virtud, terminó por convertirse en una distorsión aceptada.

Hoy, la tecnología ha demostrado algo incómodo: la zona sí puede ser exacta. Puede medirse, replicarse y sostenerse sin margen para la duda. Y eso pone en evidencia algo que durante mucho tiempo se quiso ignorar: que la subjetividad, cuando no está controlada, termina afectando la esencia competitiva del juego.

Pero aquí está el matiz que mantiene abierta la polémica.

Aunque hoy se revisa prácticamente todo —jugadas en bases, batazos, decisiones cerradas— la determinación final sigue en manos de un grupo de revisión en la sede de la Liga, que analiza con apoyo tecnológico… pero decide bajo criterio humano.

Y eso nos coloca en un punto de transición: ya no es el viejo “alégale al ampáyer”… pero tampoco es aún la justicia totalmente automatizada. Es una especie de híbrido donde conviven la precisión de la máquina con la resistencia cultural del factor humano.

El ABS marca un antes y un después, pero no cierra el debate. Lo reabre desde otro ángulo. Porque si ya es posible medir con precisión milimétrica un lanzamiento, la pregunta es inevitable: ¿por qué no hacer lo mismo con todo?

El toque en la base, la llegada en jugadas cerradas, el contacto con la almohadilla, el batazo que coquetea con la barda, la línea que divide el foul del fair. Todo eso ya puede analizarse con tecnología de alta precisión. No es una limitación técnica. Es una decisión.

Y ahí es donde la discusión deja de ser técnica y se vuelve filosófica.

¿Hasta dónde debe decidir la máquina… y hasta dónde el criterio humano? ¿Qué tanto margen de error estamos dispuestos a seguir tolerando en nombre de la tradición? ¿Y en qué momento esa tradición deja de ser identidad para convertirse en obstáculo?

Porque mientras más avance la tecnología, menor será el margen de interpretación. Y con ello, también cambia el rol del ampáyer. No desaparece, pero deja de ser incuestionable. Pasa de ser juez absoluto a operador supervisado, de figura central a pieza dentro de un sistema más amplio donde la precisión ya no depende exclusivamente de su mirada.

bambinazos61@gmail.com

@salvadorcosio1

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