Jueves, 03 de Abril 2025

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Primero la sororidad

Por: Vania de Dios

Primero la sororidad

Primero la sororidad

La sororidad y el feminicidio son dos palabras contrastantes y en extremo opuestas, pero que tienen algo en común: las mujeres. Dos vocablos que entraron juntos al diccionario de la Real Academia Española (RAE) en el 2018; una para referirse al afecto y apoyo entre las propias mujeres; la otra, para reconocer una realidad totalmente contraria, cruel: los asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres.

Dos términos, blanco y negro, luz y sombra, en la vida de las mujeres. Alegría y dolor.

Sororidad, definida por la RAE como “relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”, es considerada una palabra feminista; quizás porque es precisamente en ese entorno en donde se popularizó y comenzó a verse como una herramienta de cambio, apoyándonos unas a otras.

¿O será que desde ahí nació? De la alianza, la hermandad y la amistad de las mujeres (soror -ōris proviene del latín, que significa ‘hermana’). Porque es en esa solidaridad femenina desde donde han surgido grandes movimientos sociales, con mujeres encabezándolos. Es a través de ellas como nos hemos visibilizado, como se ha transformado la historia y nuestras vidas.

Ser sorora significa ser empática con otras mujeres, brindar apoyo, sin rivalidades ni competencias sino buscando el bienestar de todas; es llevar a la práctica la hermandad entre el género femenino. No importa si eres o no feminista, la sororidad también es defender los derechos de las mujeres, de todas (desde los civiles, políticos y sociales hasta los laborales y económicos).

Este 8M, durante la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, las propias marchas y manifestaciones son muestras de sororidad. Son espacios donde miles de mujeres, activistas, contingentes, colectivos y familias –movidas por la sororidad, pero también por el dolor, el coraje y la indignación– alzan la voz: “¡Por ti, por mí, por todas!”.

Si afinamos la vista, encontraremos sororidad en quienes acompañan y apoyan a otras mujeres cuando sufren violencia; en quienes escuchan a una amiga; en quienes educan e impulsan proyectos, en quienes dejan de perpetuar la desigualdad de género. Ser sorora es impulsar a otras mujer, ayudarlas a crecer, no frenarlas.

La sororidad también ha sido una reacción a la violencia hacia las mujeres. En una realidad que nos obligó a crear sustantivos para nombrarla y comunicarla con significados compartidos. Así, ante el permanente asesinato de mujeres que hemos presenciado durante años tristemente creamos el significante “feminicidio”.

Detrás de esas 11 letras están los crímenes de las mujeres de Ciudad Juárez y otras atrocidades contra las mujeres de México y América Latina, a quienes vilmente se les ha arrebatado la vida. La manifestación extrema de la violencia hacia las mujeres hoy tiene un término en nuestra lengua: feminicidio. Una palabra que la RAE incluyó en el 2014, pero sólo como “asesinato de una mujer por razón de su sexo”. Fueron nuevamente las propias mujeres quienes reclamaron que no se reconociera como un crimen sexista, y en el 2018 se enmendó el significado para quedar como el “asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia”.

Ante la discriminación, la aversión y el odio a las mujeres, en la sororidad estará la respuesta. Mujeres, ¡somos la mitad del mundo! Históricamente está demostrado que siempre seremos parte de la solución.

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