
El “Ministro Chicharrón”

El “Ministro Chicharrón”
¿Conoces al “Ministro Chicharrón”? ¿Sabes quién es “Dora la Transformadora” o Lulú Ríos? Si lo sabes, lo siento, pero has sido inoculado con el virus de las campañas para la elección judicial.
El “Ministro Chicharrón” es Arístides Guerrero. En un video promocional de su candidatura a la Corte sostiene un chicharrón con un pico de gallo encima —jitomate, cebolla, chile— y expresa con seriedad: “Estoy más preparado que un chicharrón para ser ministro”.
“Dora la Transformadora” es Dora Martínez. También candidata a ministra. En su promocional derriba una montaña simbólica de expedientes para que la justicia llegue “cerquita de ti”. En el remate se autonombra “Dora la Transformadora”.
Lulú Ríos encendió las redes. Es candidata a jueza penal local en Chihuahua y campeona de levantamiento de pesas. Su fotografía oficial en minifalda concentró todo el debate en torno a su perfil.
Estas son sólo algunas de las tres mil 423 candidaturas que se disputan 881 cargos en la elección judicial a nivel federal.
La cifra aumenta considerablemente en 19 Entidades en donde habrá elección judicial local. Y será peor en Durango y Veracruz, en donde se elegirán nuevos alcaldes.
Hay que ser francos. Los spots de los políticos profesionales tampoco son mucho más decorosos. Parece una deformación de nuestra democracia.
Sin embargo, el modelo actual de promoción de las y los candidatos, limitado a las redes sociales y el volanteo sin financiamiento público ni privado, ¿es suficiente para que la población salga masivamente a votar? ¿Promueve un voto más informado?
Toda la información de las personas candidatas está en la plataforma Conóceles del INE. Ya en mi columna “La (imposible) elección judicial” expliqué las complicaciones de revisar decenas de perfiles.
Uno de los desafíos de esta elección judicial, en mi opinión apresurada y sometida al corset de la austeridad, será la participación del electorado.
El INE estima que votará entre el 8% y 15% de los electores. Me parece demasiado optimista.
En la elección judicial de Bolivia en 2011 el voto era obligatorio. Si bien participó el 79% del electorado, el 15% dejó su sufragio en blanco y 42% anuló. Ningún candidato obtuvo una votación mayor al 10%. La historia se repitió con números similares en 2017.
Parece que los bolivianos no aprendieron la lección. Y en México desaprovecharemos una oportunidad repitiendo el error. La clave de esta elección era involucrar a las y los ciudadanos, pero todo se resumirá en un “meme”.
Para escribir esta columna tuve que ver muchos promocionales de candidatos (es mi trabajo, cruel, pero honesto). Estas campañas apenas inician y puedo asegurarles: se verán cosas peores.
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