Si visitas Oaxaca esta temporada, hay un tesoro artesanal que no puedes dejar pasar. Don Francisco, un maestro de 80 años, talla a mano espectaculares calaveritas de madera y sale a venderlas a las calles del Centro histórico. Conocer su obra es llevarte un pedazo auténtico de la cultura mexicana y apoyar el talento local.Francisco Tenorio Reyes, cariñosamente conocido por locales y turistas como Don Francisco, es un verdadero guardián de las tradiciones mexicanas. Originario de la pintoresca región de la Mixteca Baja, este talentoso artesano lleva más de siete décadas perfeccionando una técnica ancestral que aprendió desde su más tierna infancia, convirtiendo su vocación en un estilo de vida.A sus 80 años de edad, sus manos curtidas por el paso del tiempo y el trabajo duro siguen transformando simples trozos de madera en verdaderas obras de arte dignas de admiración. Su especialidad indiscutible son las calaveritas y los simpáticos esqueletos músicos, figuras que capturan a la perfección la esencia festiva, mística y colorida del Día de Muertos.El proceso creativo de este maestro oaxaqueño es completamente manual y sumamente meticuloso, lo que añade un valor incalculable y único a cada pieza que elabora. Utilizando maderas nobles y muy resistentes como el cedro, el sabino y la exótica madera conocida como ojo de pájaro, da vida a cada pequeño detalle armado únicamente con una pequeña sierra de mano y su inagotable imaginación artística. A pesar de su innegable talento y la evidente belleza estética de sus creaciones, el día a día no siempre es fácil para este creador tradicional. En recientes pláticas con creadores de contenido y turistas que han buscado visibilizar su obra en plataformas digitales, ha confesado con cierta nostalgia que actualmente la situación es compleja y que las ventas han disminuido considerablemente en los últimos meses.Sin embargo, la adversidad económica y los retos propios de su edad no detienen su espíritu trabajador ni apagan su profundo amor por el oficio que le ha dado sustento toda su vida. Todos los días, sin falta y con una sonrisa, sale a las calles del Centro Histórico de Oaxaca para ofrecer sus piezas, demostrando una resiliencia admirable que inspira profundamente a todos los que se cruzan en su camino.El trabajo manual que realiza jornada tras jornada es físicamente muy exigente, y el uso constante de las herramientas tradicionales deja marcas profundas y pequeños cortes en sus dedos. Aún así, cuando los curiosos se acercan y le preguntan si le gusta su trabajo, su respuesta es un rotundo y orgulloso sí, reflejando la pasión inquebrantable que pone en cada figura que talla con tanta dedicación. Si quieres adquirir una de estas maravillosas piezas, puedes ubicarlo caminando entre las calles de Porfirio Díaz y Morelos, o a las afueras del majestuoso Teatro Macedonio Alcalá. Comprar su arte no es solo adquirir un recuerdo decorativo; es llevarte a casa el legado vivo de un hombre extraordinario que dedica su vida a preservar la identidad cultural del país. Para que tu experiencia sea la mejor, sigue estos consejos:JM