Despedir a quienes dieron la vida altera la identidad de forma irreversible. Aunque la sociedad asume que los adultos están preparados para este momento, los datos demuestran lo contrario. Comprender este proceso es vital para transitar una de las etapas más universales del desarrollo humano.El impacto de esta pérdida trasciende la ausencia física. Según un artículo publicado por el diario Clarín, el fallecimiento de los progenitores elimina a las personas que ocuparon el lugar más antiguo y estructurante en la vida de un individuo. Este suceso obliga a los hijos a reconfigurar su historia y el rol que desempeñan en su entorno.La psicóloga especialista en duelo psicológico, Mariana Loria, detalla que este proceso no queda contenido en un solo vínculo, sino que se filtra en la vida cotidiana. Cuando mueren ambos padres, es frecuente que personas adultas se definan por primera vez como huérfanas. Esta situación genera interrogantes sobre la identidad al desaparecer los testigos de la infancia.Además del dolor principal, los especialistas identifican la aparición de "pérdidas secundarias". Estas incluyen cambios en las responsabilidades, sentimientos de aislamiento y la necesidad de tomar decisiones en estado de vulnerabilidad. La resolución de herencias, la distribución de objetos personales y el destino de la casa familiar son factores que añaden tensión al proceso de adaptación.Existe una paradoja social que dificulta la expresión del dolor en personas mayores. Loria señala la existencia de un libreto no escrito que asume que, si los padres eran ancianos, la muerte era previsible y debía estar procesada de antemano. Esta creencia convierte a la pérdida de los progenitores en uno de los procesos menos legitimados públicamente.La falta de validación externa empuja a muchos adultos a vivir su tristeza en silencio. El suceso altera el lugar que ocupan en el árbol familiar, ya que pasan a ser la generación de mayor edad. Este desplazamiento los enfrenta con su propia finitud, un factor que incrementa la angustia existencial durante los meses posteriores al fallecimiento.La magnitud de este cambio vital está documentada en investigaciones. Un estudio publicado en 2026 por la revista científica Death Studies analizó las experiencias de adultos que perdieron a sus padres y recibían acompañamiento profesional. Los resultados evidenciaron las dificultades que enfrentan estas personas para reorganizar su vida cotidiana y encontrar un nuevo sentido de pertenencia.Atravesar esta etapa requiere reconocer que no existe una forma única de despedirse. Los expertos recomiendan validar las emociones, buscar redes de apoyo y desarmar la exigencia social de la recuperación inmediata. Aceptar que el hogar original dejó de existir tal como se conocía es el primer paso para construir una nueva estabilidad emocional.Esta nota fue creada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor. ***Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de Whatsapp***OB