Jueves, 16 de Abril 2026
Estilo |

Desde la tierra y el origen: Olmos y Flores presentan “Barro” en Fashion Week México 2026

Fashion Week México 2026 llegó a Guadalajara con la participación de la marca tapatía Olmos y Flores, que presentó su colección “Barro”, una propuesta inspirada en el origen y la conexión con la tierra

Por: Anel Solis

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

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El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

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El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

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El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

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El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

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El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. EL INFORMADOR / J. Acosta

Fashion Week México 2026 se lleva a cabo en la Perla Tapatía, un espacio donde diseñadores orgullosamente mexicanos y de talla mundial muestran su creatividad y talento. Este miércoles 15 de abril, el turno fue de la marca mexicana “Olmos y Flores”, orgullosamente tapatía, fundada por Ali Flores y Victor Olmos, quienes presentaron su nueva colección “Barro”, cuya narrativa se centra en el origen. Desde la tierra.

El evento tuvo lugar en el Antiguo Colegio de San Diego, uno de los edificios más antiguos de Guadalajara, cuya construcción comenzó en 1709 y que, a pesar de la moderna ciudad, conserva su estilo primitivo y original. La atmósfera te transporta al pasado: sus pilares de cantera en tonos beige cálidos y sus muros silenciosos resguardan siglos de historia que contrastan con la energía contemporánea de la pasarela.
A la entrada se podían apreciar sus largos pasillos, que fungía como el lienzo de la pasarela, junto con cuartos en penumbra donde se filtraba la luz del sol. Entre sombras y destellos, los modelos aparecían a la intemperie del patio principal, practicando sus pasos como si formaran parte de una escena detenida en el tiempo.

Alrededor de las 3:30 pm comenzaron a llegar los invitados que atestiguan el esperado evento. Entre las prendas que más resaltan predominaban los tonos oscuros, los cuales contrastan con el color crema de la cantera iluminada del edificio, creando una fusión de colores elegante y sobria. El público contemplaba el lugar mientras esperaba, ansioso, el inicio de la gran pasarela.

El montaje del lugar inicio y el ambiente de ser tranquilo comenzó a sentirse veloz en el que los organizadores se encontraban en una carrera contra el tiempo para que todo estuviera en su lugar a tiempo.

Un público diverso y figuras destacadas

Aproximadamente a las 3:50 pm llegaron todos los invitados, quienes serían testigos de esta pasarela. El lugar reunió a todo tipo de público: desde fanáticos de la moda, modelos, fotógrafos e influencers, hasta celebridades como Aislinn Derbez, Benny Emmanuel y Altair Jarabo, entre otros.

De pronto, el espacio se decoró con una diversidad de atuendos y colores que tenían en común el estilo mexicano. Desde faldas largas, pañuelos en el cabello, botas vaqueras y chamarras holgadas que evocaban los atuendos tradicionales del país, pero reinterpretados desde una visión contemporánea, con estilos minimalistas y una estética depurada. Los rostros reflejaban emoción al encontrarse con caras familiares, “chuleando” los atuendos unos a otros en un ambiente de complicidad y admiración.

No fue casualidad que esta pasarela tuviera lugar en uno de los edificios más antiguos de la perla tapatía, cuya estética remite a las raíces mexicanas, pues Olmos y Flores estaban a punto de presentar una de sus colecciones más representativas de la nación, dentro de sus más de 10 años de trayectoria en la industria de la moda.

El inicio del desfile: música y atmósfera

Por fin llegó el momento más esperado. Mientras comenzaba la música de fondo que acompañaría a las y los modelos, las y los invitados tomaban asiento, aguardando el espectáculo. La música subió de volumen, sin perder esa mezcla suave, sencilla pero con estilo que se fundía con la atmósfera del lugar.

De pronto, desde los misteriosos cuartos emergieron los modelos, iluminados por los reflectores naturales de la luz solar. Marchaban al compás del sonido como si fueran uno solo; el estilo, el porte y la presencia proyectaban seguridad y carácter en cada paso.

Los primeros diseños salieron a relucir: no se trataba sólo de una pasarela de moda, sino de una narrativa de origen, tal como lo proponía “Barro”, cuya intención era plasmar la esencia mexicana en cada pieza. Los primeros conjuntos —camisas holgadas y corbatas en tonos tenues como el salmón— transmitían tranquilidad y presencia, evocando un México moderno, casi como figuras ejecutivas reinterpretadas desde lo estético.

Las faldas holgadas no podían faltar, un atuendo que caracteriza a gran parte del país y que también se hizo presente en el desfile. Las y los modelos las portaban mientras las movían con tal naturalidad que parecían cobrar vida propia, siguiendo el ritmo de la música.

La pasarela evocaba un México moderno, donde prendas de la vida cotidiana como la mezclilla adquirían un nuevo significado; a pesar de su aparente sencillez, no perdían la presencia con la que los modelos las lucían. Algunos de estos atuendos se complementaban con gorros en tonos crema, integrándose a la paleta protagonista: cafés, beige, verde olivo, rojo, blanco y negro, colores que remitían directamente a la esencia del barro y a su conexión con la tierra.

También hubo un viaje al pasado: los tradicionales vestidos con holanes y las blusas bordadas hacían alusión a lo hecho a mano, a ese México de antaño que Olmos y Flores lograron traer al presente, pero atravesado por una visión de modernidad y minimalismo que no buscaba la perfección ni encajar, sino permanecer.

Elegancia clásica inspirada en los años 40 y 50

Vestidos largos de telas suaves, en colores pasteles, acompañados de guantes de cuero, remiten a la elegancia del México de los años 40 y 50, una época asociada a figuras como María Félix, donde la sofisticación convive con la sobriedad. Los pantalones de tiro alto también dialogaban con esta estética del pasado.
El calzado sofisticado que trazaba el camino por el que avanzaban los modelos se caracterizaba por incorporar diseños animal print, evocando la riqueza natural del país: las selvas del sureste, particularmente en regiones como la Península de Yucatán, y esa naturaleza tan vulnerable como poderosa que define a la nación.

Las chamarras de cuero y piel, por su parte, podían remitir a la tradición marroquinera de León, una ciudad reconocida por su industria del cuero, reforzando así la conexión entre la propuesta estética y los oficios que forman parte de la identidad mexicana.

Atrevimiento y estilo: la esencia de la marca

Los diseños atrevidos y con porte, característicos de Olmos y Flores, también se hicieron presentes en la pasarela. Esa vergüenza que queda atrás se transformaba en carácter, reflejando una actitud que conecta con la identidad de las y los mexicanos. Tops de encaje con faldas largas, shorts con chamarras holgadas e incluso sandalias con calcetines evocaban una mezcla de comodidad y creatividad que definía el estilo de los outfits.

Los accesorios fueron protagonistas; no importaba su tamaño, pues destacaban por sus formas circulares que parecían talladas en barro, como si hubieran emergido de la tierra misma, en sintonía con el origen de muchas piezas que moldean nuestros antepasados.

El espectáculo concluyó con las y los modelos caminando en sintonía, uno tras otro, formando una especie de línea temporal entre el pasado, el presente y el futuro de México. Finalmente, y como broche de oro, el evento culminó entre aplausos y emoción, dando paso a las manos creadoras, las del origen: Ali Flores y Victor Olmos, fundadores de la marca orgullosamente mexicana.

Así finalizó una pasarela que no solo presentó moda, sino que rindió homenaje al país y a su gente: a quienes comienzan desde cero, pero con la fortaleza de seguir creando. Porque, como sugiere la propia marca, somos piezas en proceso, tal como el barro que se moldea con el tiempo hasta volverse capaz de contenerlo todo.

MF

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