Miércoles, 03 de Junio 2026

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

El artista Rodrigo Ímaz inaugura este 4 de junio una nueva muestra en la galería Páramo 

Por: Fausto Salcedo

Rodrigo Ímaz presenta su exposición titulada Esferomaquia: Combate por la esfera.

Rodrigo Ímaz presenta su exposición titulada Esferomaquia: Combate por la esfera.

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

Rodrigo Ímaz convierte el futbol en una reflexión sobre el juego y la forma en Esferomaquia

Un balón aplastado. Otro atravesado por un zapato. Una esfera deformada por el impacto. Un guante de portero convertido en escultura. Una cancha transformada en instalación artística. En la nueva exposición de Rodrigo Ímaz, el futbol aparece despojado de estadísticas, resultados y rivalidades para regresar a un territorio más elemental: el juego.

Bajo el título Esferomaquia: Combate por la esfera, el artista inaugura este 4 de junio en la galería Páramo una muestra que reúne cerca de 200 piezas de cerámica esmaltada, obra gráfica inspirada en las selecciones participantes en la Copa Mundial de Futbol de 2026, un balón monumental tallado en mármol y diversos elementos escultóricos que exploran la relación entre la esfera, el movimiento y la imaginación humana.

Aunque la exposición toma como punto de partida el contexto mundialista, Ímaz aclara que su interés no está centrado en el deporte como espectáculo. “Era buscar enmarcarlo en el Mundial, pero más que hablar de futbol, de lo que habla es del juego, de la pelota y sobre todo del juego. Jugar con el material, ensamblarlo, romperlo, parcharlo, atravesarlo. Creo que tiene mucho que ver con el juego como un elemento de aprendizaje”, explicó el artista, en entrevista con EL INFORMADOR.

La muestra surge a partir de una pregunta sencilla: ¿cuántas posibilidades contiene una esfera? Para responderla, el artista trabajó durante cerca de un año modelando balones de barro que después deformó, rompió, aplastó o intervino con distintos elementos asociados al futbol. El proceso se convirtió en una exploración constante de las posibilidades formales de una figura que, a primera vista, parece agotarse en su propia perfección.

“Lo que yo hacía era vaciar un balón de barro y, cuando estaba fresco, modelarlo, romperlo, pegarlo, aventarlo. Todo el rollo era, con el pretexto de jugar con la esfera, poncharla, romperla, atravesarla, deformarla. Luego se me ocurrió agregar los elementos del futbol, que son los guantes y los zapatos. Fue básicamente empezar a juntarlos, atravesarlos, aventarlos uno contra otro”, explicó.

El resultado son piezas que conservan las huellas de ese proceso: las superficies muestran golpes, costuras alteradas, pliegues y deformaciones que remiten tanto al juego infantil como a una investigación escultórica sobre la materia. La cerámica ocupa un papel central dentro del proyecto. Ímaz encuentra en ella una contradicción que le resulta fascinante: la posibilidad de registrar un gesto efímero y convertirlo en algo permanente. “Es muy bonito porque la cerámica, al principio, es una materia muy dúctil y, en cuanto la pasas por el horno, se vuelve una materia sólida, perpetua. Entonces son piezas muy gestuales, muy aguadas, pero al final son cristales. Está todo cristalizado”, compartió.

Se representan a las selecciones que participarán en el Mundial 2026

La exposición incluye además una serie gráfica donde aparecen representadas las 48 selecciones que participarán en la próxima Copa del Mundo. Los colores de las banderas nacionales se combinan con siluetas de balones y diagramas que evocan encuentros deportivos y configuraciones territoriales. Sin embargo, detrás de esas referencias contemporáneas aparece otra inquietud que atraviesa buena parte de la obra de Ímaz: la dimensión simbólica de la esfera. Para el artista, la pelota constituye una de las formas más antiguas de relación entre los seres humanos y el mundo que habitan.

“Creo que la esfera tiene mucho que ver con el simulacro humano del planeta. Piensa que vivimos en una esfera que está en el rinconcito de una galaxia y los niños, desde tiempos inmemoriales, juegan con la pelota y hacen un simulacro de esos astros y de esas formas que son primigenias y básicas", explica. "Entonces creo que, en términos formales, más allá del futbol y de la FIFA, se trata de desafiarme en las posibilidades plásticas de la esfera”.

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Esa búsqueda aparece también en el montaje: la instalación convierte la galería en una especie de campo de juego donde las piezas dialogan con referencias al césped, las porterías y el espacio abierto de una cancha. El visitante avanza entre esculturas, gráficas y objetos que transforman elementos familiares en preguntas visuales. “El juego de las palabras es el mecanismo por el cual se construyen nuevos significados y nuevas metáforas. Toda la exposición, incluso el montaje, que haya un cielo, que haya un pasto, que haya este 'Minecraft' de la cancha, tiene que ver con eso: con este juego o con la posibilidad de jugar con estos símbolos. Pero más que el futbol, te diría que es el juego de la pelota”.

La experiencia de la paternidad terminó influyendo de manera decisiva en el proyecto. Ímaz explica que gran parte de las piezas surgieron a partir de la convivencia con su hijo y de una reflexión sobre la manera en que los niños se relacionan con el mundo. “Gracias a mi hijo me hice papá y me hice niño otra vez. Reaprendí que el juego es el mecanismo por el cual conocemos el mundo. Y es gracias al juego que los poetas y los artistas construyen nuevos significados”, dice, y asegura que la mirada infantil se convirtió incluso en una medida para evaluar el resultado de la exposición. “Cuando mi hijo la ve y me dice que está divertida, que está padre, significa que vamos bien. A los adultos se nos olvida jugar. Y también se nos olvida ser sinceros. Los chamacos te dicen exactamente lo que piensan. Yo quería que fuera eso: un ejercicio muy lúdico con una pelota y con una cancha”.

Detrás de Esferomaquia existe también una historia personal. Antes de dedicarse por completo a esta exploración artística, Ímaz practicaba futbol con regularidad. El nacimiento de su hijo y una serie de lesiones terminaron alejándolo de las canchas. La exposición aparece entonces como una forma de transformar esa ausencia en otra cosa. “Jugaba futbol y cuando nació mi hijo decidí retirarme porque me lastimaban los tobillos cada semana o cada quince días. Parte de estas piezas tienen que ver con eso, con dejar de jugar y resignificar la esfera y el juego. Tiene que ver con hacer un homenaje a lo que no fue, a aquello que hay que volver otra cosa”.

Esferomaquia evita la nostalgia: en lugar de mirar hacia un pasado perdido, la muestra abre una nueva posibilidad para la pelota. Ya no como herramienta deportiva ni como símbolo de competencia, sino como una forma abierta al juego, la imaginación y el descubrimiento. Una esfera que sigue rodando, aunque ahora lo haga dentro del territorio del arte.

NG

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