La muerte de Presley Gerber, investigada como una presunta sobredosis y paro cardiaco en California, ha puesto nuevamente bajo los reflectores a la ibogaína, una sustancia psicodélica experimental que algunos pacientes utilizan para intentar superar adicciones cuando los tratamientos convencionales no han dado resultados.El fallecimiento del joven de 27 años, ocurrido el pasado 20 de septiembre en un centro de rehabilitación de California, ha despertado preguntas sobre esta sustancia derivada de una planta africana y sobre el papel que las terapias asistidas con psicodélicos podrían desempeñar en el tratamiento de las adicciones y algunos trastornos mentales. Aunque las autoridades continúan investigando las causas de la muerte y el informe forense definitivo sigue pendiente, el caso ha generado interés internacional por una terapia que todavía se encuentra en fase experimental.La ibogaína es una sustancia psicoactiva que se extrae de la raíz de la Tabernanthe iboga, una planta originaria de África central, especialmente de Gabón. Durante los últimos años ha despertado el interés de investigadores y especialistas debido a su posible utilidad para el tratamiento de adicciones relacionadas con opioides, cocaína y alcohol.A diferencia de un medicamento convencional, la ibogaína no se administra como un tratamiento diario. Su uso forma parte de un proceso terapéutico más amplio en el que la experiencia psicodélica se acompaña de sesiones de psicoterapia.El objetivo es que el paciente pueda revisar patrones de comportamiento, replantear su relación con la adicción y trabajar esos cambios posteriormente en terapia. Sin embargo, la sustancia todavía no cuenta con aprobación como tratamiento médico en Estados Unidos, donde residía Presley Gerber.Uno de los aspectos que más interés ha despertado entre los investigadores es que la ibogaína podría actuar sobre distintos componentes de la adicción. Las investigaciones preliminares sugieren que no solo podría facilitar el trabajo psicológico posterior, sino también influir en algunos mecanismos físicos relacionados con la dependencia.Algunos estudios apuntan a que podría ayudar a reducir el síndrome de abstinencia y el deseo intenso de consumir determinadas sustancias. Esta posibilidad resulta especialmente relevante para personas que han intentado abandonar una adicción durante años sin éxito o que continúan sufriendo recaídas pese a haber recibido otros tratamientos.La ibogaína suele administrarse por vía oral mediante cápsulas que contienen la molécula aislada. La experiencia puede prolongarse durante varias horas y requiere supervisión profesional debido a los riesgos asociados a la sustancia.Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es su posible impacto sobre el sistema cardiovascular. La sustancia puede prolongar el llamado intervalo QT, un parámetro relacionado con la actividad eléctrica del corazón.Cuando esto ocurre, el corazón tarda más tiempo de lo habitual en recuperarse después de cada latido, lo que puede alterar el ritmo cardíaco y aumentar el riesgo de arritmias potencialmente peligrosas. Por esta razón, antes de iniciar un tratamiento se realizan evaluaciones médicas, análisis clínicos y revisiones de posibles interacciones con otros medicamentos. Durante la administración también se monitorizan las constantes vitales y la actividad cardíaca del paciente.Por ahora, los expertos coinciden en que se trata de una sustancia prometedora, pero que todavía requiere más evidencia científica para confirmar su seguridad, eficacia y papel dentro de la medicina moderna.Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp https://www.whatsapp.com/channel/0029VaAf9Pu9hXF1EJ561i03BB