Marilyn Monroe vuelve a escena, pero esta vez no como la eterna rubia de Hollywood atrapada en una fotografía en blanco y negro, sino como una mujer de 100 años que todavía tiene algo que decir.Esa es la premisa de “Flesh Impact”, el nuevo cortometraje de la actriz y directora estadounidense Maggie Gyllenhaal, presentado fuera de competición en la 83 edición del Festival de Cine de Venecia. En la película, Ellen Burstyn se pone en la piel de una Marilyn centenaria, mientras Dakota Johnson interpreta a la estrella durante los años de su juventud.La ficción parte de una situación aparentemente sencilla: Monroe llega a una audición para “Orpheus Descending”, la obra de Tennessee Williams. El director, interpretado por Peter Sarsgaard, duda en un principio porque la producción busca una actriz más joven. Pero la prueba cambia de rumbo cuando Marilyn comienza a hablar de su propia vida y el relato de la mujer detrás del personaje termina imponiéndose a cualquier consideración sobre la edad.La audición se convierte así en algo mucho más profundo que una prueba para conseguir un papel. Es una oportunidad para que Monroe se apropie de su propia historia. El punto de partida de Gyllenhaal fue tan inusual como la película resultante. El proyecto nació de un encargo relacionado con el centenario del nacimiento de Monroe, promovido por la compañía de automóviles de lujo Genesis a través de su directora de marketing, Amy Marentic.La cineasta pidió un fin de semana para pensar qué podía hacer con la propuesta. Su respuesta fue imaginar a Marilyn con 100 años, enfrentándose a una de las situaciones más vulnerables para cualquier intérprete: estar sola sobre un escenario tratando de convencer a otros de que merece un papel.“Me dijeron: ‘¿Podrías hacer una película sobre Marilyn Monroe en la que Marilyn Monroe tenga la oportunidad de expresar algo, de expresarse como artista de una manera que no se le permitió cuando estaba viva?’”, contó Gyllenhaal a Variety.La idea le permitió apartarse de las representaciones habituales de Monroe, una figura que durante décadas ha sido reconstruida a través de fotografías, biografías, películas y relatos sobre su vida privada. En “Flesh Impact”, en cambio, Marilyn habla por sí misma. Y lo hace desde la vejez. La Marilyn interpretada por Burstyn reconstruye su existencia mientras intenta ganarse un lugar en la obra teatral. Su relato atraviesa una infancia marcada por instituciones y hogares de acogida, sus matrimonios y el ascenso vertiginoso que la convirtió en una de las figuras más reconocibles del cine estadounidense.Las palabras de la Marilyn adulta dialogan con imágenes de su pasado, en las que Johnson encarna a la actriz durante su juventud.La estructura permite que las dos intérpretes funcionen como distintas edades de una misma mujer: Johnson representa el cuerpo joven que Hollywood convirtió en fantasía; Burstyn, la mujer que mira hacia atrás y reclama la posibilidad de contar qué había detrás de esa imagen.En uno de los momentos centrales, la Marilyn de 100 años cuestiona abiertamente el sistema que la convirtió en producto. Para ella, en Hollywood “todo es una transacción” y las mujeres que formaban parte de aquel universo eran reducidas a etiquetas degradantes.La película no busca, por tanto, reproducir el mito, sino examinarlo desde dentro. El nombre “Flesh Impact” -literalmente, “El impacto en la carne”- remite a una observación del cineasta Billy Wilder sobre Monroe.Wilder, que dirigió a la actriz en “The Seven Year Itch y Some Like It Hot”, llegó a describir el efecto que producía en pantalla como una sensación casi física: la impresión de que el espectador podía extender la mano y tocarla.La frase sirve como puerta de entrada a una de las grandes paradojas de Monroe: fue convertida en una presencia corporal extraordinariamente poderosa, pero esa misma imagen terminó eclipsando a la intérprete y a la mujer que existían detrás de ella.Monroe murió en 1962, a los 36 años. La película imagina aquello que nunca pudo suceder: que esa actriz hubiera llegado a cumplir un siglo y pudiera mirar su propia leyenda desde la distancia.Agencias La importancia de “Flesh Impact” no reside únicamente en imaginar qué aspecto habría tenido Monroe a los 100 años. Su apuesta más provocadora consiste en preguntarse qué habría dicho ella si hubiera tenido la oportunidad de hablar desde ese lugar.Gyllenhaal convierte una audición en un espacio de reparación simbólica: una mujer que durante su vida fue observada, fotografiada, deseada, juzgada y convertida en mercancía obtiene finalmente la posibilidad de narrarse.Johnson encarna el recuerdo de aquella Marilyn joven que Hollywood hizo inmortal. Burstyn representa a la mujer que pudo haber llegado a ser si el tiempo no se hubiera detenido en 1962.Entre ambas aparece una Marilyn diferente: no solamente la rubia icónica, sino una actriz consciente de su propia construcción, de las transacciones de la industria y del precio de convertirse en un personaje.A un siglo de su nacimiento, “Flesh Impact” no intenta devolverle la juventud. Le devuelve algo más difícil de conseguir: la voz. Cuando Gyllenhaal decidió llevar adelante la idea del filme, Burstyn fue la primera actriz que imaginó para interpretar a la Monroe de 100 años.La directora buscaba que la situación de la audición permitiera a su protagonista enfrentarse a algo esencialmente teatral y profundamente humano: exponerse ante otros y aceptar el riesgo de ser juzgada.“Tuve la sensación de que quizá esta era una oportunidad para que ella pensara las cosas de una manera nueva”, explicó Gyllenhaal sobre Burstyn.La colaboración entre ambas encontró rápidamente un terreno común. Las dos estaban interesadas en llegar al núcleo emocional de los personajes y no quedarse en la superficie.“Nos interesa la profundidad de lo que se revela. Y las dos queremos ir ahí”, dijo Burstyn. “Si vamos a hacer algo, lo vamos a hacer desde ahí”.Esa coincidencia de métodos parece trasladarse a la pantalla, donde la película apuesta menos por la transformación externa que por la revelación íntima. El proyecto también llevó a Burstyn a reflexionar sobre cuánto ha cambiado el lugar de las mujeres dentro de la industria cinematográfica.La actriz recordó sus primeros años de trabajo, cuando la presencia femenina detrás de las cámaras era excepcional.“Cuando empecé a trabajar, hace 150 años, no había mujeres en el set. No había mujeres en el equipo técnico. No había ninguna mujer detrás de la cámara. Si había una mujer en el set, eso significaba que era una actriz”, señaló durante una conferencia de prensa en Venecia.Con el paso de las décadas, explicó, la situación comenzó a modificarse y vinculó parte de ese cambio a la creciente conciencia feminista, mencionando especialmente a Gloria Steinem, fallecida recientemente.El contraste resulta especialmente significativo en una película dirigida por Gyllenhaal y centrada en una mujer cuya imagen fue durante décadas moldeada principalmente por una industria dominada por hombres. La presencia de Burstyn en Venecia tiene además un significado personal. El festival le concedió ayer el León de Oro a la trayectoria, reconocimiento que llegó mientras también presenta otra película en la Mostra, “Place to Be”, de Kornél Mundruczó, en la que comparte reparto con Taika Waititi.La actriz reconoció sentirse “un poco abrumada” por la magnitud del momento. “Me he estado preguntando: ¿por qué merezco esto? ¿Qué he hecho? Es una carrera larga”, confesó.Finalmente, encontró una respuesta en su propia formación. “Hoy por fin llegué a la conclusión de que no habría tenido esta carrera sin mi formación”, afirmó.No es una trayectoria menor. Burstyn ganó el Oscar por “Alice Doesn’t Live Here Anymore”, además de un premio Tony y dos Emmy. A lo largo de más de cinco décadas ha participado en alrededor de 150 películas y ejerce como copresidenta de The Actors Studio, además de impartir ocasionalmente clases de interpretación y continuar la tradición de su maestro, Lee Strasberg.El director de la Mostra, Alberto Barbera, destacó precisamente esa dimensión de su carrera al elogiar un arte capaz de iluminar “el dolor y la resiliencia cotidiana con dignidad, ironía y valentía”, y la consideró un referente de autenticidad tanto en la interpretación como en el compromiso con el oficio.Cabe señalar que para Burstyn, interpretar a Monroe tenía algo de improbable. La actriz, de 93 años, nunca llegó a conocer personalmente a la estrella, pero su vida profesional tuvo algunos puntos de contacto con ella.Ambas compartieron masajista y, según contó Burstyn, aquel hombre solía hablarle de su amiga fallecida. Incluso le aseguró que tenía cierto parecido con Monroe y le prestó uno de sus antiguos libros, “The Thinking Body”, dentro del cual había conservado recuerdos y objetos de la actriz, entre ellos viejos recibos.Burstyn también recordó un encuentro fugaz que tuvo con Monroe en un club nocturno. Por entonces ella comenzaba su carrera y Monroe ya era una celebridad. “Era de una belleza tan impactante que me llamó la atención y… sentí que me reconoció”, recordó Burstyn. Para una actriz que apenas daba sus primeros pasos, aquel gesto tuvo un peso especial. CT