El último concierto de César Costa terminó dejando una certeza difícil. Después de décadas construyendo una carrera alrededor de la música, aquella noche sintió que su voz ya no respondía como antes. El instrumento que lo había acompañado desde los primeros años del rock and roll mexicano comenzaba a marcar sus propios límites. Ese episodio abre "Lo mío fue un sueño", la autobiografía en la que el cantante, actor y conductor decidió trasladar una vida entera de escenarios, películas, programas de televisión, incertidumbres y recuerdos familiares al terreno de la escritura.El libro llegará este viernes 7 de agosto a Guadalajara, donde César Costa lo presentará personalmente a las 10:00 horas en Club Atlas Colomos. La publicación encuentra al artista revisando una trayectoria de más de seis décadas, aunque las páginas comienzan mucho antes de que aparezcan las cámaras: regresan a la infancia, a sus padres, al barrio, a los juegos en la calle y al país que observó transformarse mientras él también aprendía a vivir dentro del espectáculo.Escribirlo le tomó alrededor de un año. Costa había protegido durante décadas una parte considerable de su vida privada y descubrió que contarla provocaba una vulnerabilidad distinta a la que conocía sobre un escenario.“Fue muy difícil, porque siempre he mantenido mi vida muy privada, muy alejada del espectáculo. Curiosamente, la vida de un escultor o de un pintor es mucho más sencilla porque tú te desprendes de tu obra. El cantante no, el cantante da la cara, se expone mucho más", dice el actor, conversando con EL INFORMADOR. "Pero en este caso todavía me expuse mucho más porque es la primera vez que verdaderamente expongo mi vida. Me costó mucho trabajo, me llevó cerca de un año: el trabajo de introspección, del análisis, de ver qué he venido haciendo durante todos estos años, porque es toda mi vida, desde niño. Creo que el balance ha sido muy positivo. Me siento bien con lo que expuse en el libro”. Nacido en la Ciudad de México en 1941, César Costa pertenece a la generación que acompañó la llegada del rock and roll al país. Inició su carrera a finales de los años cincuenta como integrante de Los Camisas Negras, agrupación pionera de aquella primera ola juvenil, antes de emprender una etapa como solista que lo llevó a convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la música mexicana de los años sesenta. El éxito discográfico abrió pronto las puertas del cine. Durante aquella década participó en producciones vinculadas con la explosión de la cultura juvenil y compartió pantalla con varias de las figuras que definieron una época en la industria del entretenimiento nacional.La televisión ampliaría después su trayectoria. En "La Carabina de Ambrosio" encontró un lugar dentro de la comedia al lado de personajes como Alejandro Suárez, Beto “El Boticario” y Xavier López “Chabelo”. A finales de los años ochenta encabezó "Papá Soltero", serie que permaneció durante años en televisión y permitió que una nueva generación, demasiado joven para haber presenciado sus comienzos en el rock, lo identificara desde otro registro.Costa observa esa capacidad para transitar entre disciplinas como una consecuencia de su curiosidad y de la necesidad permanente de aprender. “Yo he sido muy buen aprendiz. Empecé cantando y traté de mejorarme. Yo era muy limitado como cantante, muy limitado, y traté de irme mejorando. Luego empecé a conducir mis propios programas de televisión, mis series, que es una carrera totalmente distinta", dice. "Después la música me llevó a que empezaran a ofrecerme cine; entonces tomé clases de actuación y empecé a actuar”.La comedia llegó después. Con el productor Humberto Navarro trabajó la idea de ocupar el lugar del “patiño” dentro de "La Carabina de Ambrosio": servir de contrapunto a los comediantes y mantener unido el programa. “Se me ocurrió con Humberto Navarro que yo fuera el patiño. El patiño es el que hace pareja con un cómico. Yo quería hacer lucir a los demás comediantes, pero ser el eje del programa. Entonces empezamos a armar La Carabina de Ambrosio, con Beto el Boticario, Alejandro Suárez, Chabelo. Éramos pocos, pero era un programa muy redondo; caminó muy bien ocho años con un éxito bárbaro. Luego me dieron el título de Papá Soltero y me dijeron: ‘¿Qué se te ocurre?’. Les dije: ‘Déjame pensar’, y armé Papá Soltero”.Cambiar de formato también terminó funcionando como una estrategia de permanencia.“Me fui alargando la carrera sin cansar al público porque iba cambiando de género. Eso me permitió aprender nuevas facetas. Ha sido muy divertido; me permitió ir evolucionando y creciendo en la carrera”.La autobiografía acompaña los recuerdos personales con el contexto histórico y social de cada etapa. Costa escribe sobre el país de la posguerra, el crecimiento económico, los cambios culturales y episodios como Tlatelolco, mientras reconstruye una Ciudad de México donde buena parte de la infancia todavía transcurría sobre el pavimento. “Yo vivía en la calle; bueno, todos vivíamos en la calle. Éramos palomillas de diferentes cuadras. Así le llamábamos entonces: ‘¿De qué cuadra eres?’. Yo vivía cerca del Parque México. Éramos pequeñas palomillas y ahí jugábamos tochito, bote pateado, burro de seis y todo lo que hacíamos en la calle", rememora el actor, con una sonrisa. "Recuerdo que mi mamá nos llamaba, nos chiflaba para que fuéramos a merendar y a hacer la tarea. Era un México maravilloso, que ya no regresará jamás”.Ese contexto, explica, resultaba inseparable de su propia biografía. “Eso es lo que quise narrar y dar a conocer: el México que se vivía en esa época. Por eso traté de ser lo más directo y lo más sincero posible”.Los recuerdos familiares exigieron otra clase de revisión. Al escribir sobre sus padres y otras personas que habían desaparecido de su vida, buscó comprender el lugar que ocuparon dentro de su formación. Costa decidió realizar esa reconstrucción prácticamente solo. Evitó recurrir constantemente a familiares o amigos para comprobar episodios porque quería preservar la perspectiva desde la cual él mismo recordaba su historia.“Es parte del análisis, de saber qué es lo que dejaron en ti, en positivo y en negativo. Es un proceso analítico de saber qué significaron, qué fue lo que dejaron y cómo me fueron formando”, explica. “Fue un trabajo muy personal, muy íntimo. No acudí a gente de la familia. Son cosas que no puedes ‘pimponear’ con mucha gente; lo tienes que hacer tú. Tú solo tienes que escarbar qué hiciste y cómo lo hiciste, porque de otra manera te confundes mucho”. "Lo mío fue un sueño" tampoco nació de la intención de adoptar una voz literaria ajena. Costa había escrito anteriormente y conservaba apuntes, recuerdos y bloques de historias que fue organizando durante el proceso, pero decidió mantener el lenguaje de la conversación.“No busqué crear un impacto de tipo literario, mucho menos. Traté de ser lo más directo y lo más sincero posible; poder, como estoy hablando ahora, charlar con alguien, como tomándome un café y platicarle cosas como si fuera con un amigo. Y parece que sí se logró este diálogo”, dice. Al momento de decidir qué episodios permanecerían dentro del manuscrito, tampoco optó por reservar demasiado. “La verdad, casi eché toda la carne al asador porque a estas alturas del partido ya no me puedo dar el lujo de guardar muchas cosas. Prácticamente conté todo lo que tengo que contar. Así es que no me guardé muchas cosas”.Una parte significativa de la autobiografía desmonta la percepción de estabilidad que suele acompañar a una carrera extensa. Costa recuerda décadas de trabajo continuo atravesadas, al mismo tiempo, por la incertidumbre de no saber cuál sería el próximo contrato.“Yo he vivido en la cuerda floja siempre, carajo, porque nunca he tenido un trabajo fijo. Tú dices: ‘Bueno, pero llevas muchos años trabajando ininterrumpidamente’. Sí, pero no era un trabajo fijo. En Televisa cada programa era un contrato. Entonces, yo creo que ésta es la carrera más maravillosa mientras tienes trabajo, pero la más angustiante cuando no lo tienes”, cuenta. Ese funcionamiento lo obligó a permanecer atento al siguiente proyecto incluso durante los periodos de mayor éxito.“Aprendí a vivir así, aprendí a ir creando proyectos para poder tener trabajo constantemente. Ése era mi mayor trabajo: crear ideas. Después de esta serie, ¿cuál sería la siguiente? Y con los discos igual: estaba grabando este LP, pero después de este LP, ¿qué paso dar?, ¿qué canciones iba a grabar? Es una carrera que te mantiene sobre las puntas todo el tiempo. No puedes dormirte en tus laureles. Cuando crees que estás muy bien es cuando más tienes que preocuparte porque luego vienen las caídas y los bajones. Cuando crees que estás en la cima del mundo es cuando empiezas a caerte. Es una carrera muy angustiante”.Esa zona poco visible también explica parte del propósito del libro. Costa recuerda que, cuando él mismo observaba a otros artistas, podía caer en la impresión de que el éxito comenzaba directamente sobre el escenario. “Uno ve a un cantante y dice: ‘Híjole, qué padre, mira qué bien se mueve’, pero no ve la parte dura que ha vivido. Uno ve el último eslabón, que es cuando estás en el escenario, y crees que todo es así. No ves las broncas que hay atrás, los problemas, todo lo que sucedió para llegar a estar ahí arriba. Yo procuré dar a conocer un poco de todas las broncas que hay detrás”, asegura. Terminar el manuscrito produjo una reacción que Costa no esperaba. Después de una trayectoria acostumbrada a la exposición pública, la proximidad de la publicación despertó un nerviosismo difícil de comprender.“Yo estaba muy nervioso, lo confieso, muy nervioso. Cuando ya lo escribí empecé a tener muchas dudas. Dije: ‘Híjole, ¿qué hice, caray?’. Y yo no entendía por qué estaba tan nervioso. Pensaba: ‘Bueno, caray, yo puedo cantar ante treinta mil gentes y no me pongo tan nervioso como ahora que voy a presentar un libro’. Lo comentaba con mi hija, con mi esposa, con mi otra hija. Les decía: ‘No sé qué me está pasando’”.La explicación apareció cuando comprendió la diferencia entre mostrar al artista y entregar la intimidad del hombre. “Me di cuenta de que es la primera vez que me expongo de esta manera, tan abiertamente. Eso me calmó. Cuando canto, me paro en el Auditorio Nacional y sé que me la estoy jugando: es mi cara, mi cuerpo y mi imagen. Pero aquí es mi vida, es mi vida. Bueno, ya di el paso y ya lo estoy haciendo”.Miedos, inseguridades y fracasos ocupan así un lugar junto a los programas exitosos y las canciones. Para Costa, reconocerlos también permite hablar con lectores que apenas comienzan sus propias carreras. Su esperanza está puesta en que alguna de esas historias encuentre a una persona atravesando una incertidumbre similar.“El libro en gran parte es para todas las nuevas generaciones, sean cantantes o no, porque todo nos pasa a todos, en el nivel que estés. Todos podemos sentir miedo en algún momento y el chiste es cómo vencerlo, cómo asimilar lo que nos pasa y cómo seguir adelante; buscar las soluciones o el método que cada quien logre encontrar para fortalecerse y seguir adelante”, cuenta el actor. “Esa es la idea del libro: que las nuevas generaciones, sobre todo los cantantes, puedan decir: ‘Híjole, me ha pasado a mí esto y si él pudo, pues yo voy a poder también’”.Después de comunicarse durante décadas a través de canciones, cine, comedia y televisión, Costa encontró una nueva vía para llegar al público: abriendo su intimidad y su vida, abriendo su corazón. "Lo mío fue un sueño" recoge así la historia pública que acompañó a varias generaciones y la vida que transcurrió detrás de ella. “Me da un enorme gusto poder compartir con la gente y haberles llegado. Haberlo hecho a través de las canciones y de programas de televisión, y ahora a través del libro poder tocar fibras sensibles. Que alguien diga: ‘A mí también me pasó esto’ o ‘me está pasando esto y puedo hallar una solución’. Es maravilloso, me da mucho gusto”, finalizó el actor. JM