El futbol es un deporte de momentos, y para los Pumas de la UNAM, el pasado domingo 10 de mayo en el Estadio Olímpico Universitario fue una montaña rusa que dejó más preguntas que certezas. Tras un inicio que rozó la perfección, el equipo dirigido por Efraín Juárez parece haber caído en una sequía goleadora. El dato es contundente: desde que Jordan Carrillo mandó guardar el balón al fondo de las redes al minuto 22 para poner un contundente 3-0 sobre el América, el grito de gol se ha extinguido en el Pedregal. Han pasado 158 minutos (contando el resto de aquel partido y el tiempo acumulado en el juego de Ida ante Pachuca en la Semifinal) sin que el líder general del Clausura 2026 logre vulnerar el arco rival.La afición en Ciudad Universitaria espera que el "Goya" vuelva a sonar con la fuerza de la fase regular. Pumas tiene la pólvora; falta saber si Efraín Juárez tiene el encendedor para reactivar a un equipo que, por ahora, parece haber olvidado cómo se cierra el puño tras el gol. El próximo compromiso no admite más momentos de silencio. El cuadro felino necesita ganar por cualquier marcador para soñar con avanzar a la Final.El arranque de la Vuelta ante las Águilas fue un auténtico vendaval auriazul. Rubén Duarte abrió el marcador apenas al minuto 2, seguido por un testarazo de Nathan Silva al 12’ y la joya de Carrillo al 22’. Pumas jugaba con la fluidez y el hambre que los llevó a la cima de la tabla general. Sin embargo, tras ese tercer tanto, algo se rompió.El esquema de Efraín Juárez, que suele apostar por una presión alta y transiciones eléctricas con jugadores como Uriel Antuna, Pedro Vite y Robert Morales, se replegó de forma prematura. América, herido pero no muerto, aprovechó el paso atrás de los universitarios para empatar 3-3 (6-6 global). Aunque Pumas avanzó por su mejor posición en la tabla, el costo psicológico y futbolístico ha sido alto: el orden ofensivo se extravió.La "pólvora mojada" no es falta de talento, sino un desequilibrio entre la ambición y el miedo a perder la ventaja. Juárez ha implementado un sistema dinámico con Keylor Navas dando seguridad desde el fondo y una línea de volantes con Adalberto Carrasquilla y Rodrigo López que dominaron la Liga en la etapa regular. No obstante, en las instancias definitivas, Pumas ha mostrado dos caras:La estadística no miente: tras promediar 1.59 puntos por partido y ser el equipo más consistente, los universitarios acumulan ahora una racha de partidos en Liguilla donde, si bien no pierden, han dejado de ser ese equipo letal. Pumas se enfrentará el próximo domingo a un Pachuca que sabe castigar los errores defensivos. Si los del Pedregal quieren evitar un fracaso estrepitoso tras su liderato, deben atender tres puntos neurálgicos:Recuperar la posesión en campo rival: En el duelo ante América, Pumas terminó con menos del 40% de posesión tras el gol de Carrillo. Adalberto Carrasquilla debe ser el eje que retenga el balón y dicte los tiempos, evitando que el equipo se hunda en su propia área.Contundencia de los arietes: Robert Morales y Juninho han quedado aislados. La clave será reactivar las bandas con Alan Medina y Antuna para alimentar a sus centros delanteros.Gestión emocional: Juárez, el técnico más joven de las semifinales, enfrenta su mayor reto: convencer a sus jugadores de que el 3-0 inicial no fue un accidente, sino su verdadero nivel. La sombra de la eliminación ante América (pese a pasar de ronda) dejó una sensación de derrota que debe ser borrada.MF