Durante 35 años, Daniele Finzi Pasca ha regresado una y otra vez a un escenario prácticamente vacío para encontrarse con un solo espectador. Ahí comienza “Ícaro”, la pieza teatral que el creador suizo ha convertido en una de las obras más íntimas y persistentes de su trayectoria, y que volverá a Guadalajara este 26 de mayo en el Conjunto Santander de Artes Escénicas.La obra forma parte de la gira internacional con la que Finzi Pasca celebra los 35 años del montaje, estrenado a inicios de la década de los noventa y convertido con el tiempo en una referencia del teatro contemporáneo por su carácter íntimo y cercano con el público. Aunque hoy existen múltiples formatos inmersivos, Finzi Pasca recuerda que “Ícaro” nació mucho antes de que ese concepto se volviera común dentro de la escena teatral.“Hace 35 años creamos un espectáculo que fue la primera vez que, en cierta forma, se habló de algo inmersivo”, explicó en entrevista con EL INFORMADOR. “Ahora hay espectáculos inmersivos por todos lados, pero en ‘Ícaro’ la propuesta es inmersiva porque es un espectáculo hecho para un solo espectador, que entra dentro de una historia guiado por un actor -en este caso soy yo- mientras una cantidad de gente sentada enfrente participa como si fueran voyeurs que observan lo que está pasando y cómo pasa esta aventura de este encuentro entre dos”.La estructura del montaje rompe de manera deliberada con la distancia tradicional entre escenario y público. En cada función, un espectador es elegido para participar dentro de la obra mientras el resto presencia ese encuentro íntimo entre actor y desconocido. Para Finzi Pasca, esa dinámica terminó convirtiéndose en una parte fundamental del espectáculo y también en una experiencia humana que lo ha acompañado durante casi cuatro décadas.“Son casi 900 personas con las cuales viví esta experiencia”, comentó. “Con algunos quedamos como amigos profundos. Algunas son todavía personas con las cuales seguimos ligados, como si esta danza, este juego de una noche, hiciera que descubriéramos que teníamos que seguir siendo amigos”.La obra parte del mito griego de “Ícaro”, aunque se aleja de la lectura clásica centrada en el castigo por ambición. En manos de Finzi Pasca, el personaje se convierte más bien en una reflexión sobre la imaginación, el deseo de escapar y la necesidad humana de seguir soñando.“Reflexionamos, en cierta forma, sobre el mito griego, donde sí, tienes sueños, puedes escaparte de un laberinto, pero si vuelas demasiado alto encuentras un destino trágico”, explicó. “Pero en la realidad crecimos con este mito que casi funciona como una sensación moral: ‘No vueles demasiado alto’”.El director considera que esa lectura tradicional del mito termina funcionando como una advertencia sobre los límites del deseo y de la imaginación. Por ello, dentro de “Ícaro” decidió darle otro sentido a la historia. “No es verdad que tienes que tener sueños con medidas chiquitas. No es verdad. Puedes también tener sueños grandes y realizarlos”, afirmó. “Puede ser que las plumas en el agua fueran una trampa que hizo Ícaro exactamente para poder escaparse de este padre constructor de laberintos”. A lo largo de las décadas, “Ícaro” ha acompañado distintas etapas de la vida personal y artística de Finzi Pasca, quien además de esta obra ha dirigido espectáculos para Cirque du Soleil, ceremonias olímpicas y montajes escénicos de gran formato. Volver a esta pieza mínima y humana representa para él una forma de regresar a sus propias raíces teatrales. “Lo que a mí me permite humanamente regresar a lo sencillo, a mis raíces, eso me hace bien. Me hace bien como director y me hace bien como actor”, comentó. “Cuando diriges proyectos gigantes, regresar de repente a la simplicidad hace bien. Es un buen ejercicio”.La intimidad del montaje se encuentra también ligada a uno de los conceptos centrales que Finzi Pasca ha desarrollado durante años dentro de su trabajo: el llamado “teatro de la caricia”, una forma de construir empatía emocional con el espectador. “La idea nuestra del teatro era pensar que el teatro está fundamentalmente basado en una experiencia de desarrollo de empatía”, explicó. “La caricia es simplemente una forma de llamar esta manera de entrenarnos para tratar todo el tiempo de dialogar con el público. Ese es el concepto”.Dentro de esa lógica aparece también la figura del clown, aunque muy alejada del personaje melancólico o puramente cómico que suele asociarse con otras tradiciones teatrales. “El clown italiano no es un clown triste. Es un clown filósofo, un clown que es malabarista de ideas”, explicó Pasca.La relación con Guadalajara ocupa también un lugar importante dentro de la historia personal de Finzi Pasca. El creador recordó sus funciones anteriores en el Teatro Degollado y el vínculo afectivo que ha construido con el público tapatío durante años. “Me recuerdo la primera vez que vine a Guadalajara. Llegué, no conocía la ciudad, y me encontré esa noche con un teatro lleno”, comentó. “Fue impactante terminar con esta ola de afecto que llegó del público”.El director recordó además que incluso integrantes de Guadalajara formaron parte de su compañía durante años. “Guadalajara tiene un espacio muy especial. Hay una relación muy fuerte entre nosotros como compañía y la ciudad”, afirmó. “Esta gira toca ciudades y lugares donde algo pasó entre mí y un teatro o un público. Entonces llego muy feliz. Muy, muy feliz. Tengo amigos queridos ahí”. La Compagnia Finzi Pasca presenta: “Ícaro”, este 26 de mayo, a las 20:00 horas, en la Sala 2 del Conjunto Santander de Artes Escénicas. CT