La violencia que vuelve más vulnerable la indefensión; la inocencia arrasada por la culpa; la pobreza que acentúa la soledad y el abuso; y un aborto clandestino que lleva a las oscuridades del abismo son elementos centrales que la escritora regiomontana Marcela García Robles Gil pone en juego en “Agua turbia” (Hachette Livre), una novela que tiene como escenario a Cuitla, un pueblo agreste y desolado en el que Lupe, una jovencita de apenas 19 años, carga el peso de la culpa tras ayudar a la Niña Margarita a abortar. El precio que paga la convierte en víctima de la violencia del crimen organizado, que se ha metido en las entrañas de la comunidad."Siempre imaginé un personaje que fuera completamente noble, impoluto, genuino, libre de cualquier prejuicio, completamente alejado de toda maldad, que es Lupe. Yo quería acompañar a este personaje y ver cómo las circunstancias de vida ajenas, unidas a las propias decisiones que toma, guiada por el miedo, por la culpa y por la indefensión, la iban trastocando y llevando a una vivencia más oscura y más turbia", asegura la narradora.Con esa premisa situó a su protagonista en un escenario completamente hostil y solitario, donde "las casitas están esparcidas como pulgas en lomo de perro", escribe García Robles Gil. La somete a una profunda soledad, en medio de la niebla, la hostilidad de los coyotes y la amenaza continua; indefensa y en la orfandad, porque su madre muere cuando ella aún es una niña. Todo ello son las semillas que van generando la tensión que arranca con una tragedia que Lupe carga sobre sus hombros y que convierte a la culpa y la indefensión en el hilo dramático de este thriller con lenguaje rural mexicano."El secreto es una lápida que va a tener que cargar Lupe porque está en completa soledad. E incluso va a tener que pagar un precio para mantener el silencio de los demás. Y esto se ve reflejado a través de su relación obligada con Gildardo, una situación muy violenta y muy desgraciada para el personaje", afirma la autora.La violencia también es interior, asegura Marcela García. También la violentan esos pájaros negros que siente, una metáfora del sufrimiento que le provoca ver el dolor de los padres de Margarita y no poder, o no querer, decir nada por miedo a revelar que ella la ayudó. "Hay una violencia a un nivel interno y a un nivel externo. Ella misma se lastima, busca expresar su dolor interno hacia fuera. Realmente está muy empapada de esto, además de todo lo que ocurre, de todas las circunstancias externas que ella no puede controlar", apunta.Aunque la escritora reconoce que toda la historia es ficticia, la indefensión de esta chica representa la indefensión de la mujer, sobre todo en un contexto rural, marginal y de orfandad. "Lupe es bastante inteligente, pero tiene cierta nobleza que le impide tener la valentía o los recursos para enfrentar las situaciones. Y ella se va encogiendo y se va acomodando como en una grieta".“Agua turbia” tiene un universo rural y su lenguaje nace de allí. "Soy muy admiradora del genio absoluto de Juan Rulfo, así como de Elena Garro y de contemporáneos como Fernanda Melchor. Me apasiona el lenguaje rural mexicano; es riquísimo. La cotidianidad del lenguaje es una herramienta valiosísima para cualquier escritor", concluye.*Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp. AO