El maestro regresó. Fue recibido de pie y bañado de aplausos por su público. Impecable, con su frac negro y recibiendo las ovaciones de brazos abiertos, a Plácido Domingo le bastó ordenar su saco y su pecho con un vaivén simple para conjurar la admiración y el ruido. La sala enmudeció al instante. Sin micrófonos, amplificadores o subterfugios de sonido, sin palabras inaugurales, sin otra cosa más que su voz y su presencia, el tenor dramático se dispuso a lo suyo: cimbró el escenario, enmudeció a la orquesta misma con su canto, y llevó a la audiencia por donde quiso.Ante mil 600 personas, Plácido Domingo cantó este jueves en el Conjunto Santander la "Gala a 3 Voces; De España a México, la zarzuela que nos une", en la sala que lleva su nombre, y que lució abarrotada. Compartiendo escenario con la soprano Anabel de la Mora, el tenor Carlos Velázquez y el barítono Carlos López, la voz del maestro se meció entre las cuerdas, los acordes y la inspiración de la Orquesta Sinfónica para la Escena, la Orquesta Típica de Jalisco, el Estudio de Ópera de Jalisco, el Mariachi Nuevo Tecalitlán Femenil y niñas y niños de los núcleos ECOS, lo que representó más de 150 artistas en escena. La gala, que fue una producción de Secretaría de Cultura de Jalisco, llegó a la ciudad como parte de las actividades culturales en el contexto mundialista.En las primeras filas destellaban las miradas atentas, complacidas y un tanto incrédulas por ver al maestro a un palmo del asombro; en las butacas más alejadas, se escapaban los suspiros ante la voz a la que poco le faltaba para que fuera tangible. Fue un acontecimiento. Los mismos músicos de la orquesta parecían niños entusiasmados, y en cada pieza cantada por el maestro, por más breve que fuera, hacían sus instrumentos a un lado para aplaudir junto al público. No hubo pieza en la que el tenor español no agradeciera a la orquesta que lo acompañaba, y redirigía a los músicos los aplausos del público. Aunque el ambiente era de elegancia en la orquesta, el público y el maestro mismo, lo que la zarzuela hace es remitir a una verbena, y en sus momentos más alegres eso es lo que fue la gala: una fiesta, una fiesta de cánticos de amor y de dolor, una celebración comunal, popular, acalorada y concurrida, una celebración entre dos naciones. Hubo aplausos, hubo silbidos, hubo carcajadas, y las sonrisas fáciles de Plácido Domingo convirtieron al Santander en una plaza al sol. "Sigamos disfrutando de la fusión de dos culturas: España y México", dijo el maestro.La gala encabezada por Plácido Domingo en el Conjunto Santander no fue únicamente el regreso de una de las voces más reconocidas de la lírica internacional. También representó el encuentro de generaciones y tradiciones musicales que encontraron un punto común sobre el escenario. Más de 150 artistas participaron en "De España a México, la zarzuela que nos une", una producción de la Secretaría de Cultura de Jalisco que formó parte de la programación cultural organizada durante el Mundial de Futbol 2026.La propuesta construyó un recorrido donde la zarzuela española convivió con el mariachi, los coros infantiles y las agrupaciones sinfónicas del estado. A lo largo de la velada participaron la Orquesta Sinfónica para la Escena, la Orquesta Típica de Jalisco, la Banda de Música del Estado, el Estudio de Ópera de Jalisco, el Coro BOCA, el Coro TEC, niñas y niños de los núcleos ECOS y el Mariachi Nuevo Tecalitlán Femenil.Más que funcionar como acompañamiento, cada agrupación ocupó un lugar dentro de un programa pensado para mostrar el diálogo histórico entre dos tradiciones musicales. Las intervenciones del tenor Carlos Velázquez, la soprano jalisciense Anabel de la Mora y el barítono Carlos López fueron ampliando ese intercambio a través de algunas de las páginas más representativas del repertorio zarzuelístico.Uno de los momentos más significativos llegó con los fragmentos de Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, donde coro, orquesta y solistas compartieron protagonismo. La estructura colectiva propia de la zarzuela encontró ahí uno de sus mejores ejemplos, alternando escenas íntimas con pasajes donde decenas de voces construían una misma narración.La segunda parte acercó el repertorio a Jalisco con "El orgullo de Jalisco", también de Moreno Torroba. La obra sirvió como puente hacia un ambiente más cercano al imaginario mexicano, donde el teatro lírico comenzó a dialogar con el folclor popular sin perder su identidad.Ese tránsito alcanzó su punto culminante cuando apareció el Mariachi Nuevo Tecalitlán Femenil. La solemnidad del repertorio dio paso a una atmósfera más festiva con "Paloma querida", "Ella", "Serenata tapatía" y "El Rey", interpretaciones que encontraron una respuesta inmediata entre el público.Uno de los aspectos más emotivos de la noche fue la presencia de niñas, niños y jóvenes músicos compartiendo escenario con Plácido Domingo. Para muchos de ellos, la gala representó la posibilidad de participar en una producción internacional junto a un artista cuya trayectoria forma parte de la historia de la ópera.La ovación final no estuvo dirigida únicamente al tenor español. Los aplausos alcanzaron también a las orquestas, los coros, el mariachi y a los jóvenes intérpretes que hicieron posible una producción donde la zarzuela encontró nuevas voces para dialogar con la tradición musical mexicana. Más que un concierto, la gala dejó la imagen de un escenario donde distintas generaciones y expresiones artísticas celebraron un patrimonio compartido entre España y México.NG