¿Qué puede convertirse en una obra de arte? Para Kurt Schwitters, prácticamente cualquier cosa: un boleto de transporte, un sobre usado, una etiqueta, un fragmento de periódico o incluso una palabra inventada. El artista alemán hizo de los restos de la vida cotidiana la materia prima de un universo artístico que ahora vuelve a cobrar forma en París.El Museo Picasso de París presenta Kurt Schwitters. "El caos-mundo 1918-1948", una retrospectiva que reúne más de 300 obras y documentos para recorrer la trayectoria de uno de los creadores más difíciles de clasificar de las vanguardias europeas. La exposición permanece abierta hasta el 24 de enero de 2027.Desde el primer espacio, la exposición deja claro que Schwitters no concebía el arte como una actividad encerrada dentro de una sola disciplina. Su voz aparece recitando la Ursonate, una pieza de poesía sonora en la que el lenguaje convencional se descompone hasta convertirse en sonidos, sílabas y palabras inventadas.La escena funciona como una introducción al artista: Schwitters fue pintor, escultor, poeta, fotógrafo, diseñador, editor y creador de collages. En su trabajo, las fronteras entre las artes podían desaparecer para dar lugar a una experiencia en la que objetos, sonidos, imágenes y palabras formaban parte de un mismo universo.Nacido en Hannover y formado inicialmente dentro de una tradición clásica, Schwitters comenzó a acercarse al expresionismo durante la Primera Guerra Mundial. En 1918 presentó sus primeras obras abstractas en Der Sturm, una de las plataformas fundamentales de las vanguardias alemanas.Un año después comenzó a utilizar el término “Merz”, que terminaría dando nombre a buena parte de su producción. La palabra surgió de manera aparentemente accidental a partir de un fragmento de la palabra alemana Kommerz encontrado en uno de sus collages.La idea, sin embargo, fue mucho más lejos que el nombre. Schwitters comenzó a recoger materiales que normalmente habrían terminado en la basura: boletos, cartas, sobres, periódicos, etiquetas, números, dibujos y otros pequeños fragmentos de la vida moderna.En lugar de ocultar su origen, los incorporaba a sus composiciones. El resultado podía parecer caótico, pero detrás de la acumulación existía una búsqueda deliberada de equilibrio entre materiales, formas, textos y colores.La operación tenía además un componente profundamente moderno: aquello que la sociedad consideraba insignificante podía adquirir un nuevo significado al cambiar de contexto. Un pedazo de papel dejado de lado podía dejar de ser residuo para convertirse en parte de una nueva composición.Con el tiempo, Merz dejó de ser únicamente una técnica de collage para convertirse en una especie de filosofía artística. Schwitters llevó el concepto hacia la poesía, el teatro, el diseño, la publicidad y las publicaciones, construyendo un universo en el que prácticamente cualquier manifestación de la creatividad podía formar parte de la misma obra.El proyecto más ambicioso de Schwitters fue el Merzbau, una construcción artística que desarrolló durante años dentro de su propia casa en Hannover. No se trataba de una escultura que pudiera contemplarse desde afuera, sino de un espacio que el visitante podía recorrer.La estructura estaba compuesta por volúmenes, ángulos, cavidades y elementos incorporados progresivamente. La casa se transformó así en una obra en permanente construcción, como si el artista hubiera decidido convertir su propio espacio cotidiano en un enorme collage tridimensional.El Merzbau original desapareció durante los bombardeos de Hannover en 1943. Para entonces, Schwitters ya se encontraba exiliado en Inglaterra después de haber abandonado Alemania debido al ascenso del nazismo.El régimen nazi calificó su producción y la de otros artistas de vanguardia como “arte degenerado”, una política utilizada para perseguir expresiones artísticas que el régimen consideraba contrarias a su ideología. Schwitters pasó primero por Noruega y posteriormente llegó a Inglaterra.El exilio significó comenzar nuevamente. Separado de su entorno y trabajando con recursos limitados, regresó a las pequeñas esculturas y ensamblajes elaborados con materiales recuperados. Estas piezas, menos monumentales y más fáciles de transportar, adquirieron una dimensión distinta después de la destrucción de su obra anterior.En ese contexto, los materiales modestos utilizados por Schwitters pueden adquirir una lectura especialmente poderosa. Frente a la monumentalidad que caracterizó a la estética de los regímenes totalitarios, sus pequeñas construcciones hechas con objetos encontrados representaban otra manera de entender el arte y el espacio.El artista incluso intentó recuperar parte de su proyecto perdido mediante el Merzbarn, una nueva obra inmersiva que comenzó a construir en una antigua granja inglesa. El proyecto quedó inconcluso y únicamente sobrevivió uno de sus muros.La retrospectiva del Museo Picasso reconstruye parte de esa experiencia mediante una recreación del espacio principal del Merzbau, permitiendo que los visitantes recorran una estructura inspirada en los volúmenes, huecos y juegos de luz que caracterizaban la obra original.Más que reconstruir exactamente aquello que desapareció, la exposición propone acercarse a la manera en que Schwitters entendía la creación: como un proceso abierto en el que una obra podía transformarse constantemente y donde incluso su destrucción podía convertirse en parte de su historia.El resultado es el retrato de un artista polimorfo, como lo define la exposición, que transitó por el dadaísmo, el constructivismo y la abstracción sin quedar completamente contenido dentro de ninguno de ellos.A más de medio siglo de su muerte, Schwitters vuelve así a ocupar las salas de París con una pregunta que conserva su vigencia: ¿qué ocurre cuando dejamos de separar el arte de la vida cotidiana?Quizá su respuesta esté precisamente en los objetos que normalmente ignoramos. Para Schwitters, el mundo ya estaba lleno de materiales para crear; solamente había que aprender a mirarlos de otra manera.TG