Viernes, 19 de Junio 2026

“Desierto recordado”: Cartografía de una herida

La experiencia inmersiva diseñada por Isaías Herrera reconstruye siglos de transformaciones territoriales y muestra cómo distintas formas de violencia siguen presentes

Por: El Informador

“Desierto recordado”. La muestra es una experiencia inmersiva que llega a Guadalajara. ESPECIAL

“Desierto recordado”. La muestra es una experiencia inmersiva que llega a Guadalajara. ESPECIAL

Las montañas de Monterrey fueron las que trajeron de regreso a Isaías Herrera. Mientras estudiaba una maestría en Italia y desarrollaba entornos de realidad virtual para terapias psicológicas, el artista comenzó a modelar paisajes alpinos. En ese proceso descubrió algo inesperado: había olvidado las montañas con las que creció. La nostalgia por el norte de México lo llevó a una pregunta más profunda. ¿Desde cuándo existe ese paisaje? ¿Qué historias guarda? ¿Qué formas de vida y qué violencias han dejado su huella en él? Las respuestas terminaron por convertirse en “Desierto recordado”, una experiencia inmersiva que ahora llega a Guadalajara.

La exposición, presentada en Sala Discreta, en la Colonia Americana, permite recorrer cuatro momentos de la historia del noreste mexicano: el periodo mesozoico, el siglo XVI, el siglo XIX y el siglo XXI. A través de un visor de realidad virtual, el visitante se desplaza libremente por escenarios reconstruidos a partir de cuatro años de investigación histórica, modelado tridimensional y programación.

Lejos de la imagen del desierto como un espacio vacío, Herrera lo observa como un territorio atravesado por millones de años de transformaciones geológicas, por procesos de colonización y por conflictos que continúan modificando el paisaje.

“En ‘Desierto recordado’ no solo observamos una representación del pasado, sino que sentimos que estamos ahí. La realidad virtual permite relacionarnos con procesos históricos y territoriales de una manera mucho más corporal y emocional”, explica el artista, originario de Monterrey, en entrevista con EL INFORMADOR.

“Gracias al sentido de presencia que genera esta tecnología, el visitante puede habitar temporalmente espacios que ya no existen”.

A diferencia de una narrativa lineal, la historia se construye a partir de los detalles: edificios, objetos, paisajes y rastros que permanecen o desaparecen con el paso del tiempo.

En colaboración con el historiador Andrés Gordillo, Herrera reconstruyó desde ecosistemas prehistóricos hasta escenarios contemporáneos. Sin embargo, uno de los elementos más particulares de la obra consiste en que el espectador deja de ser un observador pasivo. Cada época plantea dilemas morales que modifican el entorno virtual y confrontan al visitante con las creencias y valores de otros tiempos.

“Me interesaba aprovechar el efecto cognitivo de la realidad virtual. Realmente sientes que estuviste ahí y que tomaste esas decisiones. En el siglo XVI, por ejemplo, puedes participar en un juicio inquisitorial. Tú llegas con una moral contemporánea y te preguntas cómo reaccionarías si realmente viajaras al pasado. Es muy interesante observar cómo cada persona responde de manera distinta”, señala.

La reconstrucción histórica no pretende idealizar el pasado. Al contrario, Herrera utiliza cada época para mostrar cómo distintas formas de violencia han dejado marcas sobre el territorio. Desde la lucha por la supervivencia entre especies en tiempos remotos hasta las consecuencias de la colonización, la industrialización y los conflictos contemporáneos, el recorrido plantea una continuidad histórica que atraviesa siglos.

“Quería mostrar cómo el territorio se transforma por distintas formas de violencia. No solamente la violencia humana. Desde el periodo mesozoico hay procesos de destrucción y supervivencia que modifican el entorno. Después aparecen otras formas de violencia: la religiosa, la colonial, la industrial y, ya en la actualidad, las relacionadas con el crimen organizado. Lo que vemos hoy no apareció de la nada. Son capas que se han ido acumulando y que también forman parte de la historia del desierto”, explica.

En uno de los episodios situados en el siglo XXI, la experiencia coloca al visitante frente a un escenario relacionado con el reclutamiento infantil por parte del narcotráfico. Lejos de buscar el impacto fácil, Herrera entiende esta escena como parte de una reflexión más amplia sobre la manera en que la violencia contemporánea continúa modelando las comunidades y los paisajes del norte mexicano.

“En el presente aparecen problemáticas vinculadas con el crimen organizado. Hay una situación relacionada con el reclutamiento infantil y con las dinámicas que se viven actualmente. Me interesaba que la pieza no terminara en una visión romántica del pasado. El presente también forma parte de esa historia. Al final, son procesos que siguen transformando el territorio y la forma en que lo habitamos”.

Para disfrutar de la muestra es necesario usar un visor de realidad virtual. ESPECIAL

Regresaral silencio

“Desierto recordado” también nació de una búsqueda íntima. Durante su estancia en Europa, Herrera comprendió que sabía más sobre paisajes ajenos que sobre los propios.

“Estaba construyendo entornos virtuales de montañas italianas y me di cuenta de que ya no recordaba las montañas de Monterrey. Eso me provocó una nostalgia inmensa. Entonces empecé a preguntarme desde cuándo estaban ahí, qué había ocurrido antes y cómo podía entender mejor mis propias raíces”.

La investigación lo condujo hasta la era mesozoica. Para el artista, el presente del norte mexicano puede rastrearse incluso desde tiempos prehistóricos. “El paisaje actual puede explicarse desde ahí. Lo que fueron organismos vivos terminó convirtiéndose en petróleo; el petróleo se volvió industria y la industria transformó las montañas y el territorio contemporáneo. Quería comprender desde dónde se podía trazar la historia actual”.

Aunque la obra se concentra en el noreste, Herrera encontró en Guadalajara una historia compartida. Las guerras chichimecas, los asentamientos coloniales y los procesos de convivencia y desplazamiento también forman parte del pasado de Jalisco.

“Muchas veces pensamos en la historia desde el centro de México, pero la experiencia del norte y la de la antigua Nueva Galicia tienen muchas conexiones. Por eso me interesó traer esta pieza a Guadalajara, porque son historias compartidas”.

La tecnología, añade, no busca sustituir otras disciplinas artísticas, sino abrir posibilidades distintas. La ilusión perceptiva que genera la realidad virtual hace que el cuerpo reaccione de forma espontánea ante objetos inexistentes y permite que el visitante se sienta dentro de los escenarios.

“Si alguien te lanza una piedra dentro de la experiencia, aunque sepas que no es real, tu cuerpo reacciona. Eso ocurre porque hay una congruencia entre los estímulos visuales, auditivos y espaciales. Quise usar esa capacidad para provocar una reflexión sobre nuestra relación con el territorio y con el pasado”.

La exposición recorre cuatro momentos de la historia del noreste mexicano. ESPECIAL

Supera las expectativas

La llegada de “Desierto recordado” a Sala Discreta representa la primera presentación pública del proyecto en Guadalajara. El artista reconoce que la recepción del público ha superado sus expectativas.

“He visto personas quedarse más de una hora explorando. Eso me hace muy feliz, porque la historia está en los detalles y porque veo que la gente realmente se involucra. Los noto curiosos, contentos y con ganas de observar qué permanece y qué desaparece entre una época y otra”, finalizó.

La muestra permanecerá en Sala Discreta, ubicada en Justo Sierra 1699, Colonia Americana, hasta el 3 de julio. La entrada es gratuita mediante reservación previa en el correo desiertorecordado@gmail.com. Más que un viaje al pasado, la obra propone una pregunta sobre aquello que sigue habitando el presente: las montañas, las heridas y las memorias de un territorio que, incluso en apariencia inmóvil, nunca ha dejado de transformarse.

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