Viernes, 30 de Octubre 2026

Colombia vuelve a exhibir obras sobre feminismo, LGTBI y el proceso de paz | VIDEO

Un juez ordenó reinstalar 63 piezas retiradas del Museo Nacional de Colombia. El caso reabre el debate sobre arte, política y memoria histórica.

Por: Tomás Iván García Enciso

La ministra de Cultura, Paola Holguín decía

La ministra de Cultura, Paola Holguín decía "no deben servir como instrumentos de adoctrinamiento político ni difundir versiones sesgadas de la historia". EFE / M. Dueñas

El Museo Nacional de Colombia volvió a exhibir este viernes 63 piezas artísticas e históricas que habían sido retiradas de sus salas el pasado 15 de octubre, después de que un juez de Bogotá ordenara restituirlas a los espacios donde se encontraban originalmente. La decisión judicial devuelve a la exposición materiales vinculados con algunos de los episodios y movimientos sociales más significativos de la historia reciente del país.

Durante un recorrido, las piezas pudieron verse nuevamente en paneles y vitrinas, acompañadas por documentos, publicaciones y materiales audiovisuales que contextualizan los acontecimientos a los que hacen referencia. Entre ellas se encuentran afiches de las campañas presidenciales de los dirigentes de izquierda Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo Ossa, ambos asesinados en 1990.

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El regreso de estas piezas ocurre en medio de una disputa que va más allá de la organización de una exposición. El caso ha abierto un debate sobre quién decide qué episodios forman parte de la memoria pública y cuál debe ser el papel de un museo estatal al presentar acontecimientos atravesados por conflictos políticos y sociales.

Un juez ordena devolver las piezas a las salas

La reinstalación responde a una decisión del juez 24 de Familia de Bogotá, César Enrique Osorio Ortiz, quien ordenó al Ministerio de las Culturas y al Museo Nacional devolver las 63 piezas a los lugares donde se encontraban exhibidas.

El fallo, emitido tras una acción de tutela presentada por el congresista Gabriel Becerra, estableció un plazo de 48 horas para cumplir con la restitución. Además, ordenó a las instituciones abstenerse de retirar obras debido al contenido que representan o al punto de vista expresado en ellas.

 

La resolución judicial se produjo después de que trascendiera que más de 60 elementos habían sido retirados de distintas salas. Los objetos estaban relacionados principalmente con movimientos feministas y LGTBI, víctimas de la violencia política y el acuerdo de paz firmado en 2016 entre el Estado colombiano y las FARC.

Entre los elementos retirados se encontraba una bandera del orgullo perteneciente a la activista Elizabeth Castillo, así como el llamado “Balígrafo”, una pluma fabricada a partir de una bala y utilizada durante la firma del acuerdo de paz. Ambos objetos funcionan, dentro de la exposición, como testimonios materiales de procesos políticos y sociales recientes.

La memoria histórica como escenario de disputa

El conflicto pone sobre la mesa una de las preguntas más complejas para los museos históricos: cómo representar acontecimientos que todavía generan posiciones enfrentadas en la sociedad. A diferencia de piezas pertenecientes a épocas lejanas, muchos de estos objetos mantienen una relación directa con debates políticos y sociales que continúan vigentes.

En este tipo de espacios, una pieza no necesariamente se presenta para respaldar la posición de la persona o movimiento al que pertenece. Su presencia puede responder también a su valor como documento histórico, capaz de mostrar las ideas, conflictos, luchas y transformaciones de una determinada época.

Precisamente por ese carácter documental, retirar un objeto puede modificar la lectura de una sala, es decir, una exposición no está formada únicamente por piezas aisladas, sino también por las relaciones que se establecen entre ellas, los textos que las explican y los acontecimientos históricos que permiten comprenderlas.

La controversia comenzó en el marco de la llamada “batalla cultural” impulsada por el Gobierno colombiano, que ha cuestionado lo que considera una influencia excesiva del llamado “wokismo” en las instituciones públicas y en la representación cultural.

Desde esa perspectiva, la ministra de Cultura, Paola Holguín, defendió el retiro de las piezas al sostener que los museos públicos no deben convertirse en instrumentos de adoctrinamiento político ni presentar versiones que considere sesgadas de la historia.

El Gobierno también ha señalado que determinadas representaciones presentes en espacios públicos pueden constituir una “apología del terrorismo”. La postura contrasta con la de quienes consideran que excluir determinadas piezas por su contenido político puede terminar produciendo precisamente otra forma de interpretación sesgada de la historia.

Arte, política y el derecho a recordar

El regreso de las 63 piezas no elimina la discusión, sino que la traslada a un terreno todavía más amplio, el de los límites de la intervención política sobre las instituciones culturales y la forma en que una sociedad conserva su memoria.

Los objetos vinculados con Pizarro y Jaramillo Ossa, por ejemplo, remiten a una etapa especialmente violenta de la política colombiana. Sus asesinatos en 1990 forman parte de una historia en la que la participación política, la violencia y las dificultades para incorporar nuevas fuerzas al sistema estuvieron estrechamente relacionadas.

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De manera similar, el “Balígrafo” concentra en un solo objeto la transformación simbólica de un elemento asociado con la guerra en un instrumento utilizado para formalizar un proceso de paz. Su valor dentro de un museo no depende únicamente de su materialidad, sino del acontecimiento histórico que representa.

La bandera del orgullo y las piezas relacionadas con movimientos feministas y LGTBI cumplen una función diferente, pero igualmente vinculada con la memoria social, permitiendo documentar demandas y transformaciones que han marcado el debate sobre derechos, identidad y reconocimiento en Colombia.

Con la reinstalación ordenada por el juez, estas piezas vuelven a formar parte del relato museográfico mientras continúa la discusión sobre cómo deben construirse las narrativas históricas en las instituciones públicas.

Con información de EFE.

TG
 

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