Domingo, 21 de Junio 2026
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“Cuchara mía”: el arte de preservar la memoria a fuego lento

De un recetario familiar a las redes sociales, Yudit Camacho convirtió su pasión por la cocina casera en una comunidad digital que comparte sabores, recuerdos y tradición

FaustoSalcedo

La cocina doméstica suele ser el punto de partida de muchas historias gastronómicas. Antes de convertirse en proyectos públicos o en contenidos que circulan por internet, las recetas viven en espacios íntimos: cuadernos escritos a mano, recortes de revistas guardados durante décadas o fórmulas transmitidas en la mesa familiar. 

En los últimos años, muchas de esas cocinas privadas han encontrado un nuevo espacio de difusión en las redes sociales, donde cocineras y cocineros comparten recetas, memorias y experiencias culinarias con públicos cada vez más amplios. La gastronomía cotidiana, la que se construye en las casas y en las familias, ha comenzado a dialogar con plataformas digitales que permiten preservar y multiplicar ese conocimiento culinario.

Dentro de ese universo aparece el proyecto “Cuchara Mía”, creado por Yudit Camacho, una cocinera apasionada que comenzó compartiendo recetas familiares en un blog personal y que con el tiempo terminó consolidando una comunidad digital interesada en su forma de cocinar. Actualmente cuenta con 2.2 millones de seguidores en Facebook y 647 mil en Instagram.

Su propuesta se distingue por mantener un vínculo claro con la cocina doméstica y con la memoria familiar. En lugar de presentar una gastronomía distante o técnica, su trabajo parte de la experiencia cotidiana de cocinar en casa, de improvisar con los ingredientes disponibles y de recuperar sabores que forman parte de la historia personal.

Yudit Camacho. La creadora del proyecto “Cuchara mía” comparte parte de su trabajo inspirado en la gastronomía. ESPECIAL

Una cocina que nace en casa

El origen del proyecto se remonta a una conversación familiar que, en principio, no tenía mayores pretensiones. Camacho recuerda que el blog nació como una forma sencilla de organizar recetas que amigas y conocidas le pedían con frecuencia. “Empecé a escribir mis recetas hace muchos años. Como en 2012 comencé a escribirlas en un blog porque mi hija me decía: ‘Mamá, todo el mundo te habla para pedirte recetas, pero tú todo lo das así bien chistoso: un puño de orégano, un puño de sal…’. Entonces me dijo: ‘¿Por qué no hacemos más formal tus recetas y cuando alguien te llame ya le mandas la receta escrita?’”, comparte en entrevista con EL INFORMADOR.

El nombre del proyecto refleja la forma cómo Camacho entiende la cocina. “Se me ocurrió ponerle ‘Cuchara Mía’ porque cuando cocino, la cuchara es mía. No me gusta que nadie me ayude ni que me digan qué hacer”. 

En la elección también influyó su hija, quien desde el inicio formó parte del proyecto. “A mi hija, de pequeña, le decía ‘cucharita’. Como ella es la mitad del proyecto, así quedó”.

Entre likes y desafíos

El crecimiento de “Cuchara mía” en redes sociales implicó también un proceso de aprendizaje. Para Camacho, uno de los retos más grandes fue adaptarse al formato de video que domina las plataformas digitales actuales. “Al principio era fácil porque todo era foto. Cocinaba, tomaba fotos y las subía. Pero hablarle al teléfono para grabar videos me costaba muchísimo”. Recuerda con claridad el momento en que una marca le pidió producir contenido audiovisual de forma regular. “Me dijeron que querían cuatro videos al mes y yo sentía que iba a salir en la televisión”.

Con el tiempo, la práctica fue transformando ese proceso en algo más natural. Sin embargo, reconoce que la dinámica de las redes sociales exige mantenerse en constante aprendizaje. 

“Hay muchísima gente haciendo contenido. Mantenerte y seguir adelante es un reto”. En ese entorno también ha tenido que enfrentar un fenómeno común en el espacio digital: las críticas anónimas. “El hate es muy feo. Al principio sí te impacta porque piensas: ‘¿Cómo esta persona que no me conoce puede decir eso?’. Pero luego aprendes a no hacerles caso”.

Más allá de esas dificultades, Camacho reconoce el impacto que las redes sociales han tenido en la forma en que las personas se relacionan con la comida. Las plataformas digitales se han convertido en espacios donde las recetas circulan con rapidez y donde los usuarios descubren nuevos platillos, restaurantes o ingredientes. “La gente se deja 

 mucho por lo que ve en redes. Publicas algo y tiene impacto”. En ciudades pequeñas como La Paz, ese impacto se vuelve visible incluso en la vida cotidiana. “Voy al súper y alguien me dice: ‘Usted es la de ‘Cuchara mía’. Hice una receta suya y me encantó’. Eso es muy bonito”.

Aunque el proyecto digital continúa creciendo, Camacho no descarta explorar nuevas iniciativas gastronómicas en el futuro. Su familia ya participa en el sector restaurantero en La Paz, donde actualmente operan varios establecimientos. Entre los proyectos que considera se encuentra la posibilidad de publicar un recetario que reúna parte de su experiencia culinaria. “Me encantaría tener un libro porque yo aprendí con recetarios. Me gusta el papel, ver las fotos”.

También ha pensado en desarrollar productos propios, especialmente salsas, un elemento recurrente en su cocina. “La gente siempre me dice que por qué no saco una línea de salsas, porque me gusta mucho hacer salsas”. Sin embargo, reconoce que ese tipo de proyectos requieren tiempo y dedicación. “Siento que eso hay que hacerlo muy en serio”.

En cuanto a las tendencias gastronómicas que podrían marcar los próximos años, Camacho observa un creciente interés por ingredientes naturales y preparaciones sencillas. “He leído que viene muy fuerte el tema de las verduras. Usar ingredientes más orgánicos, menos procesados. La gente está buscando comida más natural”.

Mientras tanto, “Cuchara mía” continúa creciendo como un espacio donde la cocina familiar, la curiosidad culinaria y las posibilidades del mundo digital se encuentran. Para Camacho, el proyecto conserva el mismo espíritu con el que comenzó: compartir la cocina como una experiencia cotidiana y transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones. “Todo lo que aprendí de mi mamá, de mis tías y de mis amigas, ahora queda por escrito, con videos y fotos. Mi hija ya está haciendo muchas de mis recetas. Se va a volver una herencia bonita”.

Asado Sinaloense. Una versión de la creadora de “Cuchara Mía”. ESPECIAL

La cocina de mamá

Aunque el crecimiento del proyecto ocurrió en el entorno digital, la relación de Camacho con la cocina se construyó mucho antes, dentro de su propia familia. Nació en Sinaloa y creció en una casa donde cocinar era parte esencial de la vida cotidiana. La figura de su madre, ama de casa y cocinera curiosa, marcó profundamente su manera de entender la gastronomía. En ese entorno doméstico, los recetarios ocupaban un lugar central.

“Mi mamá cocinaba muy rico y era muy curiosa. No había internet ni nada, pero tenía muchos recetarios, esos recetarios de señoras de antes que ni siquiera tenían fotos. Yo crecí viendo cómo los leía y experimentaba con ellos”. 

Aquellos cuadernos y libros formaban una especie de archivo culinario familiar. En ellos se reunían recetas copiadas a mano, recortes de revistas y pequeñas notas que registraban combinaciones de ingredientes o variaciones de platillos conocidos.

La práctica de recopilar recetas era común en muchas casas mexicanas durante el siglo pasado. Camacho recuerda cómo su madre reunía todo tipo de referencias culinarias. “En las revistas como Vanidades había sección gastronómica y mi mamá recortaba las recetas y las pegaba. También guardaba las etiquetas de las latas de leche porque venían recetas atrás”. Esos materiales domésticos, aparentemente simples, funcionaban como una escuela culinaria informal donde se aprendía a cocinar observando y probando.

El contexto agrícola de Sinaloa también influyó en esa forma de cocinar. Los ingredientes llegaban directamente del campo y las recetas se adaptaban a lo que estaba disponible en cada temporada. 

“Les regalaban cajas de tomates o de chiles y mi mamá hacía de todo con eso: dulce de tomate, guisos, ensaladas. Con lo que había se inventaban recetas”. 

Esa lógica de aprovechar los ingredientes disponibles sigue presente en la cocina de Camacho, quien prefiere improvisar antes que seguir estrictamente una receta escrita. “A mí me gusta crear con lo que tengo. No me complico mucho. Si tengo dos tomates y un repollo, digo: bueno, voy a hacer algo con eso”.

Pasión por lo fresco

La relación de Yudit con la gastronomía se amplió cuando se mudó a la Ciudad de México después de casarse. La experiencia de vivir en una gran ciudad le permitió descubrir ingredientes que no formaban parte de su entorno cotidiano en Sinaloa.

“Vivía en la colonia Del Valle y en la esquina había un mercado. Mi pasatiempo era ir en la mañana a caminar y ver todas las verduras que había. Descubrí muchas cosas que nunca había visto”. Aquellas visitas al mercado ampliaron su curiosidad culinaria y despertaron un interés particular por los vegetales y las preparaciones sencillas.

Con el tiempo, esa curiosidad se convirtió en una de las características de su cocina. Camacho suele trabajar con ensaladas, verduras asadas y combinaciones de ingredientes frescos. “Me encanta trabajar con verduras. Asarlas, hornearlas, hacerlas curtidas. Me obsesiona un poco ese tema”. La preferencia por ingredientes frescos y preparaciones simples refleja también una tendencia contemporánea hacia una cocina más natural y menos procesada.

Actualmente vive en La Paz, Baja California Sur, un entorno que ha transformado nuevamente su forma de cocinar. La cercanía con el mar y la disponibilidad de productos frescos han orientado gran parte de su cocina hacia los mariscos. “Aquí tienes todo en la puerta de tu casa: pescado fresco, almejas, langosta, camarón. Creo que mi especialidad son los mariscos”. Platillos como ceviches, pulpo o tacos de pescado aparecen con frecuencia en su cocina cotidiana.

La convivencia entre tradiciones culinarias también forma parte de su experiencia. Camacho reconoce que su cocina combina influencias sinaloenses con ingredientes y costumbres gastronómicas de Baja California Sur. “Aquí se comen mucho las almejas chocolatas al carbón, los tacos dorados de mantarraya, los tacos de pescado. Yo soy mitad sinaloense y mitad paceña ya”.

Además de las tradiciones regionales, sus viajes han ampliado su interés por otras cocinas del mundo. Camacho menciona una especial afinidad por la gastronomía mediterránea y por los sabores de Medio Oriente. “Viajo para comer. Siempre estamos buscando restaurantes nuevos cuando viajamos. Me gusta mucho la cocina mediterránea, la griega, las especias”. 

En Baja California Sur, esas influencias se mezclan con ingredientes locales en un estilo culinario conocido como Baja Med.

Tacos dorados de frijol con ceviche, platillo preparado por Yudit. ESPECIAL

Herencia entre fogones

Durante varios años, el blog de Yudit Camacho funcionó como un espacio íntimo donde ella compartía recetas sin pensar demasiado en la posibilidad de que se convirtiera en un proyecto profesional. La transformación llegó en un momento inesperado. Durante la pandemia, cuando muchas personas comenzaron a pasar más tiempo en casa y a experimentar con la cocina, el contenido gastronómico empezó a circular con mayor fuerza en redes sociales. En ese contexto, el proyecto familiar adquirió una nueva dimensión. 

“El blog lo inicié en 2012, pero el despegue fue en la pandemia, en 2020. Mis hijos se quedaron aquí en mi casa y lo único que hacíamos era cocinar y probar cosas nuevas. Mi hija es fotógrafa de comida, así que dijimos: ‘Mamá, tú cocinas y yo tomo las fotos’. Lo hicimos como hobby, sin pensar que alguna receta se hiciera viral o que se fuera a convertir en trabajo”. La combinación entre recetas caseras, fotografía gastronómica y redes sociales permitió que el proyecto comenzara a crecer. Con el tiempo, marcas y empresas se interesaron en su contenido, lo que convirtió esa actividad doméstica en un trabajo profesional. “Muy pronto nos fue bien. Algunas marcas se fijaron en mí y empecé a tomarlo ya como un trabajo”, señala.